sábado, febrero 25, 2006


"MATCH POINT", LA ÚLTIMA LECCIÓN DE WOODY ALLEN

La sombra de Dostoievsky es alargada


De momento, Match Point (2005) es la penúltima película –pues ya tiene otra rodada en Londres– del maestro neoyorquino únicamente como director y guionista. Presentada con éxito en los Festivales de Cannes y San Sebastián, se trata de una nueva historia romántico-pasional escrita, dirigida y no interpretada por Allen, dentro del tono de crítica social que le caracteriza y con un estilo de suspense más próximo al maestro Hitchcock y un tanto inspirado en la novelista Patricia Highsmith.

A caballo de Crimen perfecto (1953) –recuérdese que el “mago del suspense” también dirigió Extraños en un tren (1951), basada en una novela policíaca de la Highsmith (donde el asesinato es paralelo a un partido de tenis)– y de Atracción fatal, Woody Allen parece continuar la trayectoria emprendida en Delitos y faltas (1989), pero sin Ingmar Bergman como referente; aunque en la aparición final de los fantasmas de las víctimas se recoja el estilo del maestro sueco.

Considerada por algunos críticos como una de sus mejores obras de madurez –tras la serie de comedias interpretadas por él–, Match Point es una historia de amor y pasión en estos tiempos de cólera. Negra y amarga, como la obra de Patricia Highsmith, relata el ascenso social de un joven irlandés, ex jugador y ahora modesto entrenador de tenis (Jonathan Rhys-Meyers, que aquí no es su alter ego), dentro de una familia de la aristocracia financiera británica, y el descenso a los infiernos del mismo a causa de su egoísmo, ambición y bajeza moral.
Pocas obras recientes han profundizado tanto en la miseria humana como la nueva propuesta de Woody Allen, evitando caer en el mal gusto o en las fáciles concesiones, pero siendo bastante explícito en las situaciones-límite (de ahí que en Estados Unidos hayan calificado R el filme por su contenido sexual), si bien algo cuidadas por la elipsis y “con el recato –escribió Diego Galán en su crónica de Cannes’05– de quien prefiere sólo sugerir”.

Sin embargo, lo que más sorprende en esta ingeniosa película es la reflexión que su autor ofrece sobre el azar, jugando –nunca mejor dicho– como en un encuentro de tenis, cuando la pelota toca la red y, durante unos segundos, no se sabe en que campo va a caer. Así empieza el relato, con voz en off. Veamos, pues, cómo Allen defiende el tema del azar, el llamado Destino o la suerte de las personas: “El azar es importante en la vida, pero suscita cierto miedo en la gente. Siempre he tenido una visión terrorífica de la vida. Me parece una experiencia horrible, sin Dios, llena de traición y falta de comunicación. Mi sensación es que el azar juega un papel importante y la gente no quiere reconocer eso porque significa que no tiene control. Piensan que deciden su propia suerte. Pero me temo que no es así. La verdad es que dependen del azar. Mucho tiene que ver con la suerte, aunque haya gente a quien no le agrade y diga: Yo me fabrico mi propia suerte. (…) Siempre he pensado que tengo un poco de talento y mucha suerte. Reconozco que dispongo de cierto talento, no de una gran cantidad, pero un poco sí. Pero sin la suerte no significaría gran cosa.

Con todo, Match Point trata al mismo tiempo sobre la justicia divina. Por eso, Woody Allen brinda cierto paralelismo con el personaje de Raskolnikov del célebre Crimen y castigo, de Dostoievsky, libro que además cita y muestra en la película. El crítico José María Aresté manifestaría en este sentido: “El film juega con la idea de la justicia divina, en forma de elemento comprometedor. Pero Allen, fiel a su agnosticismo, a la idea de que si Dios existe, juega caprichosamente con los hombres, hace lo propio, o sea, jugar con el espectador. Es esa pelota en la red, el punto de partido del título, que puede caer hacia cualquier lado, por puro, absurdo azar. El mismo azar que provoca el embarazo indeseado mientras se hace esperar el que sí se busca. Al final, viene a decir el cineasta, sólo queda la conciencia, el peso de la culpa. Lo que supone un paso hacia delante frente al cinismo de Delitos y faltas, que también hablaba de un calculado asesinato”.

En efecto, la sombra del gran escritor soviético es alargada. El periodista Lluís Foix fue todavía más allá en su juicio crítico. Tras sintetizar la problemática del célebre protagonista Crimen y castigo y de su homólogo de Match Point, comentaría: “Allen utiliza a Dostoievsky como coartada y no como guión necesario. Juega con el concepto napoleónico de que la suerte hacía buenos a sus generales y no sus dotes militares. No estamos en el siglo XIX sino en el XXI, en el que nos viene a decir que es mejor tener suerte que talento. (…) Dostoievsky se movía en el terreno de la moral y de la culpa. Woody Allen reinterpreta a Raskolnikov desde la farsa y el cinismo de una sociedad en el que el mal menor es necesario para salvar un falso bien superior. No es una comedia delirante de Woody Allen ni un drama divertido a los que nos tiene acostumbrados. Desde la cumbre de los setenta años, Allen pone el dedo en la llaga sobre el mal que sale indemne ahora y en todos los tiempos. A nadie le puede pasar desapercibido que no habla de la suerte que a todos nos sonríe o nos desprecia, sino de la maldad que sigue campando en nuestro entorno en el que el diablo se mueve con soltura y aparentemente siempre gana”.

Por tanto, Allen se muestra muy crítico contra el individualismo reinante en la sociedad nuestros días. Es más, su alegato posee un valor moral que sabrá ver el espectador intelectual. Así lo manifestó también el crítico Jerónimo José Martín: “En esta película, Woody Allen ha endurecido su mirada, lo que decanta en varias secuencias sexuales o violentas muy crueles, que reflejan la dominación del varón sobre la mujer. Pero este tono más grave eleva el valor ético de su alegato contra el individualismo hedonista e irresponsable, certero respecto a su carácter animalizador y autodestructivo”. Mientras el jurista Eduardo Torres-Dulce añadiría: “Match Point es un ‘thriller’ moral muy oscuro pese a su textura brillante y sofisticada, con un guión modélico (…) demuestra que Allen es, con Clint Eastwood, el último maestro clásico”.

Estamos, pues, ante una obra de hondo calado existencial, a la que no falta un agudo sentido del humor, en la que el cineasta norteamericano abandona el microcosmos de Manhattan, para indagar sobre el alma humana de otras latitudes –Londres, concretamente–, pero tratando sobre problemas universales que le preocupan personalmente y están latentes en el mundo contemporáneo que le ha tocado vivir y que refleja como desesperanzado cronista.

Otra vez, los temas de Dios –en un momento, Chris dice que “la fe es el camino más fácil”–, el amor o su búsqueda denodada –que se transforma aquí en mera pasión– y la muerte provocada –desde el asesinato hasta el aborto– están presentes en esta dura película, cuyo pesimismo final queda compensado por la pesadumbre íntima del protagonista, que jamás tendrá su conciencia tranquila. El engaño atroz y la mentira cotidiana (logrado también en el retrato de la policía inglesa) triunfan sólo aparentemente.

Por otra parte, en torno a la dificultad de amar, a la diferencia entre amor y pasión, el propio Allen respondería en Nueva York al periodista parisino Jerôme Vermelin: “Siempre he pensado que se trata de dos cosas diferentes. Que se puede desear a alguien sin amarle. Y amar a alguien sin desearle. Esto explica muchos problemas de pareja. Conozco desde siempre tipos que adoraban a sus mujeres pero se sentían sexualmente atraídos por otras. ¡Es un problema terrible y universal! Si gozamos de las dos dimensiones en la misma relación podemos sentirnos afortunados. (…) Cuando amamos algo, y se trata de un amor puro, siempre se llega a algo hermoso”.

Con 15 millones de dólares de costo, la bien realizada Match Point (estrenada en el Viejo Continente antes que en Estados Unidos) cierra hoy la producción de Allen como creador. Ganadora del “Goya” 2005 a la Mejor película europea, la Academia de Hollywood también la nominaría al Mejor guión original.

(De mi próximo libro Woody Allen. Solo detrás de la cámara. Barcelona: Littera, 2006).

7 comentarios:

Emilio dijo...

Descubrí recientemente su Blog y me pareció sorprendente que no hubiese ningún comentario sobre la última película estrenada de Woody Allen, Match Point.
Para mi gusto es una de las películas más redondas que ha creado el director neoyorkino en su última etapa. El film nos presenta un argumento con sorpresas, en que el azar/suerte es la idea fuerza.
Tanto azar como suerte son fundamentales en nuestras vidas aunque a veces nuestro raciocinio no quiere apreciarlas. Como ya presentaba en un artículo el maestro Pierre Vilar, tanto en la vida como en la Historia no podemos dejar de lado dicho factor.
Un saludo cordial e interesante iniciativa!

J. M. Caparrós Lera dijo...

Estimado Emilio:

Me alegra que te haya gustado mi weblog, y que hayas enriquecido este artículo sobre Woody Allen con tan agudo comentario.

Queda a tu disposición y te saluda cordialmente

José María Caparrós

Anónimo dijo...

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