martes, septiembre 16, 2008

MARIO MONICELLI, UN HONORABLE ARTESANO

Una retrospectiva integrada por cuarenta de sus películas es el homenaje que el Festival de San Sebastián rinde a Mario Monicelli, un hombre emblemático en la comedia italiana


El prolífico Mario Monicelli ha sido recuperado este año por el Festival Internacional de Cine de San Sebastián. Merecidamente se rinde homenaje a un veterano autor que cabría calificar de honorable artesano, aunque en el mejor sentido de Hollywood; pues, para la vieja Meca del Cine, tales cineastas son honrados trabajadores, realizadores competentes que han dado a luz grandes películas de género.

Monicelli, nacido en Viareggio (Lucca), el 15 de mayo de 1915, es hijo de un periodista y escritor político. Estudió Historia y Filosofía en las Universidades de Pisa y Milán antes de dedicarse al Séptimo Arte. Crítico cinematográfico en la revista universitaria Camminare, fue premiado en la Mostra de Venecia con un filme rodado en 16 mm, I ragazzi della via Paal (1935), adaptación de una obra de Ferenc Molnár.

CLÁSICOS.- Formado profesionalmente al lado de clásicos como Mario Bonnard y Augusto Genina, durante la posguerra colaboró como guionista en varias películas importantes (Juventud perdida, Arroz amargo), al tiempo que codirige con Steno una serie de largometrajes cómicos –la mayoría protagonizados por el gran Totò–, entre los que destaca el inolvidable Guardias y ladrones (1951), con Aldo Frabrizi como partenaire. Después lanzaría a Alberto Sordi, en Un eroe dei nostro tempo (1956) y a Elsa Martinelli, en Donatella (1956).

Su reconocimiento internacional llegó en 1958, cuando realiza Rufufú, otra vez con Totò como intérprete, junto a cómicos como Memmo Carotenuto y el entonces joven Vittorio Gassman. Al año siguiente, triunfó de nuevo con una magistral sátira costumbrista: La gran guerra, fresco desmitificador y polémico sobre la Primera Guerra Mundial, pues era una visión crítica de la contienda bélica desde la perspectiva de los soldados de infantería. Otra gran película de este prolífico autor sería I compagni (1963), que trata de las primeras huelgas obreras en Turín. Esta obra fue nominada al Oscar de Hollywood. A tan importante filme “comprometido” –prohibido por la censura franquista– le seguirían dos farsas sobre la Edad Media: La armada Brancaleone (1966) y Brancaleone en las Cruzadas (1970). La segunda parte fue exhibida a concurso en el Festival de San Sebastián y Vittorio Gassman obtuvo el premio de interpretación. Allí también tuve la satisfacción, como miembro del Jurado del Círculo de Escritores Cinematográficos, de estar sentado al lado de este gran actor en el célebre Victoria Eugenia.

SÁTIRA POLÍTICA.- Posteriormente, Mario Monicelli volvió a la sátira política con Queremos los coroneles (1973): nuestro cineasta, a través de la gestión alocada de un grupo de militares de la reserva –coroneles, como en Grecia– mostraba un fracasado golpe de Estado dirigido por un parlamentario neofascista (Ugo Tognazzi), en la Italia contemporánea, a la vez que evidenciaba las contradicciones de un sistema en crisis permanente; mientras los defectos de la democracia o de un falso espíritu democrático eran puestos en la picota, vapuleando asimismo las diversas tendencias de su país: democristianos, comunistas, ultraderecha, centristas... y hasta el mismo presidente de la nación. Con todo, fue el Ejército quien recibió el mayor número de bofetadas, al igual que el fascismo y el patriotismo.

Así, el amor y la crítica serían evidenciados de nuevo en una cinta de episodios, codirigida con Dino Risi y Ettore Scola: ¡Que viva Italia! (1977). Los tres realizadores y su plantel de primeros intérpretes consiguieron un trabajo artístico de categoría, al tiempo que reflejaron con dinamismo y gracejo, a modo de sátira poetizante, ciertos vicios de la vida cotidiana de Italia. Sus últimas obras estrenadas en España datan de los años ochenta: Un quinteto loco (1982) y Los alegres pícaros (1988). Pero Monicelli siguió haciendo cine: cortos, documentales –su homenaje al maestro Nino Rota, por ejemplo–, series televisivas y nuevas comedias, como Panni sporchi (1999) y Le Rose del deserto (2006), con guiones también propios.

“Dotado de un sólido sentido de la construcción”, dijo de Mario Monicelli el crítico José Luis Guarner, “su abigarrada obra –escribió el especialista Lorenzo Codelli– posee una extraña coherencia estética e ideológica”. Por eso, San Sebastián’08 recupera su entrañable figura y, en buena parte, olvidada filmografía.


(Publicado en ABCD las Artes y las Letras, núm. 867, 13-IX-2008, p. 46)