miércoles, julio 13, 2016

“MI PANADERÍA EN BLOOKLYN”, EXCELENTE COMEDIA ROMÁNTICA DE GUSTAVO RON


Uno de los cineastas más relevantes del Joven Cine español del nuevo milenio, 
Gustavo Ron, nos ha sorprendido con su tercer largometraje de ficción. 
Una valiosa película que vale la pena visionar


My Bakery in Blooklyn (2016) es una coproducción hispano-norteamericana bastante alejada de las comedias del cine español en boga, donde la sal gruesa, el mal gusto y la falta de ingenio creador son características habituales.
Gustavo Ron (Madrid, 1972), que se diplomó en London International Film School y rodó en inglés su segunda película, Vivir para siempre (Ways to Live Forever, 2010), continúa con esa puesta en escena que le singulariza como autor: un guión original perfectamente estructurado, una cuidada fotografía y de alta calidad estética, una banda sonora y musical excelente o, sobre todo, la frescura y espontaneidad de los jóvenes intérpretes, con personajes muy bien construidos, lo cual que manifiesta su dominio en la dirección de actores y en la medida concepción fílmico-creadora.
Veamos, si no, cómo ha valorado este film una pedagoga cinematográfica, la profesora María Ángeles Almacellas: “Mi panadería en Brooklyn es una comedia coral, que, alrededor del divertido conflicto por la supervivencia de la panadería –con escena de lucha de tartas incluida–, desarrolla tres chispeantes historias de amor. Pero, como cabía esperar del Gustavo Ron de Vivir para siempre, la película tiene un fondo que da que pensar, si bien, en este caso no con lágrimas sino con sonrisas. Vivian comprende tarde el significado del ruego de amor de Isabelle, con la gravedad que le confiere el instante del último hálito de vida. Lo que da fuerza para resistir los embates y las contrariedades no es la mera suma de fuerzas, ni lo que da sentido a la vida es marcar líneas divisorias entre las personas, sino la unión personal, las relaciones humanas cálidas y generosas. El egoísmo y el egocentrismo son destructivos y llevan a la confrontación, aunque sea a tartazo limpio; la generosidad de pensar en el otro inunda el entorno de alegría y felicidad. Sin embargo, no se trata de una película ‘moralizante’, sino sencillamente una historia con fondo humano, al más puro estilo del cine de Capra. La conclusión no está en el film, sino en el espectador. El guion tiene, además, un punto de locura y una gran dosis de magia, que le da un aire de sugestivo cuento de Navidad. Por otra parte puede recordarnos a Ernst Lubitsch –también la tienda hace esquina– y hasta a Woody Allen rindiendo homenaje a su ciudad. Pero, sobre todo, es un canto de amor de Gustavo Ron al cine, al hombre, a la vida”.
Personalmente, he visto en el tercer largometraje de Gustavo Ron una continuidad estilística con su asimismo valorada ópera prima, Mía Sarah (2006), pero aquí mucho más depurada y madura. Estamos ante un auténtico cinéfilo –de ahí que esta cinta resulte un tanto minoritaria–, cuya realización no sólo me ha evocado el cine de Frank Capra, sino la obra etnográfica y de estudio de mentalidades de Éric Rohmer y hasta a un Woody Allen ingenioso pero en positivo, con un toque macrabro a lo Hitchcock. Además, el film posee cierto carácter autobiográfico o, al menos, como recuerdo de la labor de su autor en la hostelería, de la que procede por tradición familiar.
No obstante, dejemos hablar a Gustavo Ron: “Nací en una familia de hosteleros y he aprendido desde pequeño el negocio de los restaurantes, los hoteles, las panaderías y las cafeterías. Mi vida siempre ha estado vinculada a la hostelería de la misma forma que lo está al cine. Siempre he entendido ambos negocios de una forma similar. He trabajado en cocina y en sala, como camarero y ayudante de cocina. Conozco personalmente la gestión de un restaurante y de una panadería. He dirigido varios y he llegado a abrir mis propios negocios; conozco el éxito y el fracaso. Viví en primera persona la apertura de la primera panadería ‘gourmet’ en Barcelona. Si sustituyen las palabras ‘hostelería’, ‘restaurante’, ‘hotel’ o ‘panadería’ por ‘producción’, ‘película’ o ‘director’, el resultado seguiría siendo mi historia, pero esta vez en el capítulo cinematográfico. Este quizá es el motivo principal por el que creo que he podido aportar muchísima experiencia personal a Mi panadería en Blooklyn”.
Rodada en excelentes escenarios naturales neoyorquinos –junto al famoso puente de Brooklyn– y finalmente en Valencia, con unos actores excepcionales, especialmente las tres principales protagonistas, Aimee Teegarden, Krysta Rodríguez y Blanca Suárez, con sus “partenaires”, posee una espléndida factura artística que puede hacer de este film una cult movie. Como algunas películas de Isabel Coixet –otra representante del Joven Cine español–, realizadas también en inglés y en el extranjero, nadie diría que My Bakery in Brooklyn está concebida y dirigida por un autor autóctono.
En definitiva, Mi panadería en Blooklyn es mucho más que una simpática comedia coral, romántica y sentimental; va dirigida a los amantes del buen cine, une lo clásico con la modernidad y logra que el espectador reflexione libremente y salga feliz de la sala de proyección. Es obvio que ésta es otra de las voluntades de expresión del propio Gustavo Ron: “Es una película para relajarse y disfrutar, para reírse y relamerse. Estoy seguro de que la gran mayoría de gente que vaya a verla saldrá con unas ganas locas de regalarse un dulce para saborear el recuerdo de la película de vuelta a casa”.