jueves, abril 10, 2008

"Tribuna abierta": EN DEFENSA DEL CINE ESPAÑOL

El nuevo Gobierno ha de acabar con el doblaje de las películas extranjeras, y que el cine español se defienda con su propio idioma, sin subvenciones oficiales ni protecciones de ningún tipo. Por otra parte, bien lo sabemos, “quién paga, manda”


Los pasados días, la denostada cinematografía española ha gozado con la concesión de un Oscar a Javier Bardem, aunque fuera por la interpretación en una película norteamericana. Lo valoró muy bien el crítico E. Rodríguez Marchante. Pero el merecido triunfo de Bardem me ha sugerido un comentario crítico acerca del cine de nuestros amores y dolores...
Las últimas cifras oficiales del 2007 no son halagüeñas: hemos tenido 116,9 millones de espectadores, 4,7 millones menos que el año 2006. Con todo, la culpa se le atribuye a la creciente piratería: el nuevo público –especialmente joven– se “baja” las películas por Internet sin escrúpulo alguno. Y las salas cinematográficas están a punto de hacer un crack. “Sobran unas 1.500”, manifestó el empresario de los cinemas Verdi.
Según el Ministerio de Cultura, del 1 de enero al 31 de diciembre de 2007, los filmes españoles recaudaron 86,7 millones de euros, 11,6 menos que el año anterior; mientras que el cine extranjero recaudó 557 millones de euros, 19,2 menos que en el ejercicio del 2006, y el número de espectadores se redujo en 1,7 millones; al tiempo que los que acudieron a ver cine nacional fueron 15,7 millones, frente a los 18,7 del año anterior.
Aun así, entre las diez películas más taquilleras del 2007, la primera es una producción española: El orfanato, la multipremiada del debutante Juan Antonio Bayona, con 24,3 millones de euros y más de cuatro millones de espectadores a final de año; superando las terceras partes de Piratas del Caribe y Shrek. Tras estos primeros filmes con más de veinte millones, están nada menos que los nuevos Simpson, Spider-Man y Harry Potter. Y en el número 16, otra película española de terror: Rec, de Jaume Balagueró y Paco Plaza, con 7,7 millones de euros.

Sin embargo, dejemos unos datos estadísticos que evidencian la crisis del sector y vayamos a lo que es –en mi opinión– el verdadero mal de la cinematografía autóctona. Pienso que el inconveniente no está tanto en la clamada piratería, sino en un vicio que el cine español arrastra desde el primer franquismo: el doblaje de las películas extranjeras.

En España, para defender el idioma castellano y controlar ideológicamente el mensaje de los filmes, la Dictadura estableció una férrea censura y se “vendió” desde los años cuarenta al cine norteamericano, que “colonizó” las pantallas no sólo españolas sino de toda Europa a partir de la Primera Guerra Mundial.
En efecto, el doblaje es el mayor enemigo del cine español, junto a un público que tiene un concepto negativo sobre las películas autóctonas, a las que denomina desde los años veinte, en plena dictadura de Primo de Rivera, como “españoladas”. Y no es justo este término, porque nuestra endémica cinematografía ha dado al Séptimo Arte autores tan universales como Luis Buñuel, Carlos Saura, Luis G. Berlanga, Juan A. Bardem, Víctor Erice o Pedro Almodóvar, y películas tan importantes como Tristana, La caza, El verdugo, Muerte de un ciclista, El espíritu de la colmena o Volver, respectivamente, para no hacer exhaustiva la lista. Y artistas de prestigio internacional como Imperio Argentina, Fernando Rey, Fernán Gómez, Francisco Rabal... y ahora Javier Bardem.
Este diciembre pasado, antes de concluir su primera legislatura, el Gobierno socialista logró que el Parlamento aprobara la nueva Ley del Cine, después de un agrio debate en los diversos sectores de la industria –producción, distribución y exhibición– desde siempre enfrentados. Pero, al final, obtuvo un amplio consenso, destacando el apoyo a la producción independiente y la ayuda específica a las películas en los idiomas co-oficiales del Estado; en decir, las lenguas vernáculas. Asimismo, se reguló el papel de las televisiones como motor económico de nuestro cine autóctono. Pero sigue sin resolverse el problema principal: la desleal competencia de las multinacionales de Hollywood que ocupan las pantallas del país y dejan al cine comunitario europeo muy en inferioridad de condiciones.
¿Cómo luchar contra esta competencia? No autorizando el doblaje de películas extranjeras a la lengua castellana y tampoco a las vernáculas. Sólo los filmes españoles se escucharán en el idioma autóctono, como ocurre en la mayoría de las naciones de todo el mundo: desde Portugal a los diversos países de Latinoamérica. Allí nadie ve las películas dobladas, sino meramente subtituladas. ¿Por qué lo seguimos haciendo en España?
Ésa sería la mejor defensa del cine español contra la vieja colonización extranjera: que las películas se proyecten en versión original con subtítulos. En una época de globalización, cuando el idioma inglés impera en el mercado laboral y pronto los alumnos no podrán licenciarse sin el conocimiento de esta lengua, resulta insólito que todavía nos obstinemos en no leer el subtitulado, alegando que distrae la visión de las imágenes: hay que acostumbrarse a escuchar y ver, leyendo al mismo tiempo. Además, ¿qué nos parecería si a uno de nosotros nos doblaran la voz en una transmisión? Seguro que no nos reconoceríamos, pues psicológicamente la dicción propia es parte de la persona.
Ya sé que se opondrá el gremio de dobladores, grandes profesionales del cine español. Pero estos competentes trabajadores –bastante mal pagados y poco reconocidos– siempre tendrán las películas emitidas por televisión. Como excepción, podría permitirse el doblaje en las películas en su pase por las cadenas televisivas, una vez acabada su explotación comercial en las salas cinematográficas. Sería una forma progresiva de cambio de costumbres, sobre todo dirigida a la gente mayor.
No obstante, hay que ponerle el cascabel al gato, permítaseme esta poco académica expresión. ¿Hasta cuándo las subvenciones del Estado? Ese público que denosta al cine español está molesto porque del pago de sus impuestos se subvencionan las películas autóctonas. Y tiene razón. El erario público no debe pagar a ningún sector profesional; han de ser los profesionales quienes generen su propia financiación. Si hacemos Cultura –con mayúscula– a base de subvenciones, se resta la iniciativa privada. Ningún industrial vive de la subvención; ¿por qué entonces los cineastas?
Acaso, también como excepción y para proteger a los nuevos valores, cabría subvencionar las óperas primas, y promover jóvenes profesionales para la pantalla grande. Pero no más que a la primera película. Y la gente no se acostumbraría a vivir de la subvención, ni tampoco a utilizar otras triquiñuelas legales para obtener beneficios.
Por tanto, el nuevo Gobierno ha de acabar con el doblaje de las películas extranjeras, y que el cine español se defienda con su propio idioma, sin subvenciones oficiales ni protecciones de ningún tipo. Por otra parte, bien lo sabemos, “quién paga, manda”. Así no se harán películas –como ocurría antaño– al gusto de la Administración. Y, a la vez, se evitará el “amiguismo” de todo régimen autoritario, ya sea dictatorial o democrático, tan propio de la condición humana.
¿Qué se realizarán menos películas españolas sin dinero público? Pero posiblemente mejores. Hay talento en nuestro cine para hacerse un lugar en el sol; no necesita subsistir de la prebenda estatal o autonómica, sino del trabajo bien hecho.


(Publicado en ABC, Madrid, 10-IV-2008, pág. 57)

6 comentarios:

Por Tomás dijo...

Estimado José Mª:

Suscribo lo expuesto en el presente artículo. Los sucesivos gobiernos de nuestra reciente democracia deberían desembarazarse de las rémoras del régimen franquista que tan denodadamente denuncian. La permanencia de éstas, no obstante, da que pensar, pues se diría que sólo merecen una reprobación si no benefician a sus supuestos detractores.

Atentamente,


Tomás (www.cinehistoria.com).

J. M. Caparrós Lera dijo...

Estimado Tomás:

Gracias por tu acertado comentario y apoyo a mi artículo en ABC, que ha coincidido con "manifiestos" análogos que vieron la luz el mismo día en LA VANGUARDIA y AVUI!

Recibe un afectuoso saludo de este viejo colega y amigo

José María Caparrós

julio dijo...

En primer lugar me gustaría matizar algo. La prohibición del doblaje no es ninguna panacea. Caparros alude a el hecho que ya exista en otros países (no la prohibición sino el uso), pero olvida mencionar que en paises de latinoamérica (que conozco personalmente)como Mexico o Brasil, el hecho de subtitular no impide la colonización del mercado por los films norteamericanos. Es tan poco el cine de autor, europeo, asiático, o de la misma América Latina que allí se ve..!!
La solución está en plantar cara a los exhibidores locales, abducidos por el pensamiento único hollywoodiense y trabajar para el refuerzo de las iniciativas de exhibición alternativas, pero reales que ya existen. Y no hay que mirar muy lejos. Hablo de los cineclubs y otras entidades que organizan pases de cine en muchas poblaciones de cataluña. Hay aproximadamente censados unos 45/50 cineclubs y muchas más organizaciones que programan cine. ¿Cual es el porcentaje que ocupa el cine americano o comercial en estas pantallas? No llegaría al 5%. Echad un vistazo alas estadísticas del 2006 en cuanto a esas proyecciones y que encontrareis en http://www.federaciocatalanacineclubs.net/memories_index.htm . Allí se comenta que de 332 sesiones organizadas por cineclubs casi el 75% son sesiones en VOSE, y versión original española o catalana. Y la versión doblada al catalan para la proyección de cine infantil. Si verdaderamente se reforzase a estos circuitos con políticas concretas, ahora sí, que limitasen los precios (verdaderamente altos para pequeñas entidades)o con ayudas en formación e infraestructuras, podríamos construir una alternativa eficaz al monopolio del cine comercial y a la lacra que a el va asociado. La del doblaje.

Julio Lamaña
Saludos a Jose María, que no se si me recordará

J. M. Caparrós Lera dijo...

Estimado Julio:

¡Claro que me acuerdo de ti, colega! Cuando trabajabas en CINESA. Y ahora eres presidente de la Federación Catalana de Cine-Clubs.

La verdad es que tienes toda la razón con tus matizaciones sobre mi artículo-manifiesto. No se soluciona todo con el tema del doblaje, como muy bien dices.

Ya veo que desde esa FCCC estáis haciendo una excelente labor para frenar el "colonialismo" de Hollywood y promocionar el cine de autor. Adelante, pues, amigo.

Agradecido por tus comentarios, queda a tu disposición y te abraza

José María Caparrós

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