domingo, noviembre 24, 2013

"BLUE JASMINE", O LA CRISIS ECONÓMICA Y MORAL VISTA POR WOODY ALLEN

Cate Blanchett

La nueva película del más famoso cineasta neoyorquino, Blue Jasmine (2013), resulta un duro análisis de la situación actual. Realizada en la línea crítica de Delitos y faltas (1989) y Match Point (2005), viene a ser una demostración que Woody Allen está mejor solo detrás de la cámara que cuando actúa como protagonista.

Lejos, pues, de sus devaneos por Barcelona y por Roma -no así en su magistral Midnight in Paris (2011)-, el genial cómico estadounidense vuelve a demostrar que sabe hacer cine de veras. Su última tragicomedia, ambientada en Nueva York y San Francisco, profundiza en la condición humana contemporánea, a través de las desventuras de una mujer de la alta sociedad de Manhattan, Jasmine, que ha quedado arruinada por la actual crisis económica y moral.  

Con reminiscencias de la Blanche DuBois de Un tranvía llamado Deseo, según la obra escénica de Tennessee Williams, que llevara a la pantalla Elia Kazan en 1951, Allen habla sin pelos en la lengua sobre la decadencia, la traición, el adulterio, la muerte y la locura, como hacía tiempo no habíamos visto en imágenes. Imágenes brillantes, comedidas, uniendo pasado y presente en una narración continuada y no exenta de cierto suspense y sorpresa final, mantiene el interés creciente del espectador en todo su original relato. 

Por tanto, con un guión magistralmente escrito por el propio Allen -puede ser otra vez candidato al Oscar de Hollywood-, combina comicidad y dramatismo, dando mayor protagonismo a las mujeres -especialmente a las dos hermanastras, adoptadas-, quienes bordan sus personajes. Veamos la valoración que hizo el crítico de El Mundo, Francisco Marinero: 

“El sentido del humor al tiempo que incisivo y compasivo, irónico y melancólico, se manifiesta a lo largo de toda la película y a cargo de los actores, con un reparto espléndido en el que destaca Sally Hawkins como la hermana de Jasmine. Pero se trata sobre todo del retrato de una mujer y una Cate Blanchett que domina todos los recursos expresivos y que sucede a Diane Keaton y Mia Farrow como actriz perfecta para la galería de Allen consigue que una desequilibrada detestable, de un egoísmo feroz, despierte finalmente cierta piedad. Sus angustias y sus ataques de furia son simultáneamente patéticos y cómicos y su distinción es tan adecuada a la riqueza en Manhattan como incongruente en su nuevo ambiente.” (22-XI-2013).

Ciertamente, Cate Blanchett está genial en su personaje -también firme candidata al Oscar a la Mejor actriz-, pues viene a ser el retrato de una clase social generadora de esta crisis que, sin duda, es más moral que económica. Así, la actuación de los protagonistas, sin escrúpulos en los negocios y en las relaciones sentimentales -el adulterio aparece como normal-, conducirá a la ruina personal. De ahí que Woody Allen refleje esas situaciones e incluso parece que condene a sus protagonistas. Pero dejemos que nos hable el propio autor:

Blue Jasmine es, por encima de cualquier cuestión, una película psicológica sobre el ser humano, a la vez que una gran tragedia sobre una mujer determinada. Se centra en Jasmine, una persona que de golpe se descubre en una situación extraña. Alguien que no quiso mirar a la realidad con los ojos abiertos en un momento dado y que ahora se ve obligada a hacerlo. Sólo que, antes de su crisis, era una mujer rica que nunca se preguntaba de dónde venía el dinero que hacía rico a su marido. Ni se cuestionaba que él pudiera mirar a otras mujeres. Cuando las cosas explotan, tiene que posicionarse y actuar. Incluso conocerse mejor”. 

No vamos a descubrir aquí el argumento del film. Pero sí decir que Allen parece ajustar cuentas con los culpables de la crisis actual. Los mira con tristeza y cierta amargura, y también con un ápice de indulgencia, en el caso del vulgar novio de la hermana pobre, que llora y sabe perdonar. Calificada como una de las mejores obras de Woody Allen de estos últimos años, el profesor y crítico de El Punt Avui, Àngel Quintana, la comentaría así: 

“Toda la película se mueve en un juego constante de dialéctica entre diversos universos. Allen estructura el relato como un ir y venir del pasado. No hay flashbacks en el sentido literal del término, sino solamente una transición permanente entre lo que ella fue y en lo que ella se ha vuelto. El pasado se encuentra allí para forjar las múltiples ilusiones, pero también para revelar alguna cosa oscura y amarga que no se puede borrar. El pasado pone de relieve la destrucción de un mundo y se convierte en una amenaza que en cualquier momento puede irrumpir en el presente para desestabilizarlo. El presente, en cambio, es el territorio del exilio forzado, de la incerteza y el de una realidad nunca asumida. Allen articula esta dialéctica alrededor de dos ciudades -Nueva York y San Francisco-, pero también a partir del juego entre un universo de falsa elegancia y un universo de vulgaridad. Para algunos todo esto puede parecer arquetípico, sin embargo Allen juega con los arquetipos para describir una situación amarga al final de la cual no hay más que la oscuridad. En la memoria de aquello perdido resonarán las nostálgicas notas de una canción: Blue Moon.” (15-XI-2013).

En definitiva, se trata de una película pesimista -en otra ocasión, su autor ya había declarado: "Hoy en día, la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido"- que, mal que nos pese, evoca ciertas mentalidades y miserias de la sociedad contemporánea, que Woody Allen ha sabido poner en imágenes con precisión y voluntad de etnólogo. Con los años, Blue Jasmine tendrá un valor socio-antropológico; pues es un film de reconstrucción histórica.