jueves, julio 23, 2009

DOS IMPORTANTES PELÍCULAS CATALANAS, EN CARTEL


Estos días se han estrenado sendas películas catalanas que han centrado la atención de la crítica y los espectadores del país. He aquí las dos reseñas que he redactado

“TRES DÍAS CON LA FAMÍLIA”, DE MAR COLL

Léa es una joven catalana que estudia Ingeniería y vive con un chico, en Toulouse. Viaja súbitamente a Girona, donde su abuelo acaba de morir. Allí se reúne tres días toda la familia, para asistir al velatorio, a la misa-funeral y al entierro del patriarca de los Vich i Carbó. Y pese a las apariencias, pronto se evidencian los problemas íntimos de cada cual.
Se trata de la ópera prima de una nueva cineasta de la ESCAC (Escola Superior de Cinema i Audiovisuals de Catalunya). Tras los ayer debutantes Juan Antonio Bayona (El Orfanato) y Roser Aguilar (Lo mejor de mí), ha llegado la barcelonesa Mar Coll (1981) a la dirección de su primer largometraje, precisamente para la productora de este centro educativo: Escándalo Films.
A tal propósito, esta joven firma brinda a los graduados de la Escuela de Cine de Tarrassa –hoy dependiente de la Universidad de Barcelona– la posibilidad de lanzarse a la profesión. Así, la directora de fotografía Neus Ollé, la montadora Elena Ruiz, el músico Jens Neumaier –del estudio MaikMaier– o el responsable del sonido Jordi Ribas, entre otros técnicos, junto a la directora y algunos actores, son antiguos alumnos de ese reconocido centro especializado que dirige Josep Maixenchs
En Tres días con la familia, Mar Coll ha demostrado su valía y madurez como cineasta. Así lo ha reconocido la mayoría de la crítica española, que ha saludado favorablemente este nuevo filme catalán. Con cierto cariz autobiográfico –muy habitual en las primeras obras–, la debutante realizadora ofrece un acertado análisis de la alta burguesía catalana. Oigamos, con todo, sus declaraciones: “Cualquier familia merece una película. Y ni siquiera hace falta que esconda secretos truculentos. Basta con asomarse al complicado amasijo de sentimientos contradictorios que provocan los lazos familiares: odiamos y amamos a nuestra familia, la rechazamos y la necesitamos, pretendemos distinguirnos de ella y, en el fondo, heredamos gran parte de sus logros y de sus miedos. En el caso de la familia Vich, lo que debería ser un marco de gran intimidad y confianza formado por el grupo de gente que te ha visto nacer y crecer, se presenta como un espacio gobernado por las formas y los ritos, que da cabida a los juicios y a los prejuicios, y dificulta considerablemente la comunicación sincera. Eso es lo que me interesaba explorar a través de los ojos de Léa, que, después de alejarse temporalmente de su familia, regresa para dar de pleno con la imposible situación en la que tanto los fracasos de su vida privada, como los de sus padres, como los de cualquier miembro de su familia, son evidentes pero nunca explícitos. Léa no desea mostrar sus flaquezas a la vez que se siente incómoda con las flaquezas de los demás. Y sin embargo, tampoco puede convivir con la falsedad de algunas situaciones. ¿Cuál es entonces el nivel de intimidad adecuado? La película no quiere ser una respuesta sino más bien es una foto de familia de las que están en los álbumes y que, cuando las ves, si te fijas bien, puedes en ellas entrever todo lo que esconden detrás de cada gesto o actitud. Una foto de una familia burguesa y catalana".
Efectivamente, Mar Coll no ha hecho una película de denuncia; más bien ha realizado un filme testimonial sobre una clase e idiosincrasia determinadas, a modo de mera crítica sociopsicológica y estudio de mentalidades tradicionales. Y esa crítica social y existencial resulta bastante positiva, pues se aprecia cierta voluntad de comprensión, una búsqueda de sinceridad; un rechazo de la hipocresía, en una palabra.
Gran parte del mérito de la puesta en escena cabe atribuirlo al notable plantel de intérpretes, que encabeza la premiada actriz Nausicaa Bonnín, hija de Hermann Bonnín, que tantos años fue director del Institut del Teatre. Pero le siguen con acierto nombres asimismo reconocidos: el también galardonado Eduard Fernández, como su padre; la francesa Philippine Leroy-Beaulieu, como su madre; y los veteranos Ramon Fontserè y Francesc Orella, como sus tíos; aparte de los ex alumnos de la ESCAC.
Con todo, Tres días con la familia no es una obra redonda. Veamos lo que escribió el profesor de cine de la Universitat Pompeu Fabra y asimismo crítico del diario Avui, Carlos Losilla (la traducción del catalán es mía): “La familia parece que es uno de los temas obsesivos del cine contemporáneo (...) Ahora es el turno de Tres dies amb la família, el debut de Mar Coll y también la más controlada de todas estas propuestas, la que navega por aguas más seguras, la que mejor sabe aquello que quiere conseguir y lo que persigue desde el primer fotograma. En el terreno del cine, sin embargo, este dominio de los elementos no siempre es beneficioso, y una planificación excesiva puede dar resultados contradictorios. Esto es lo que pasa con Tres dies amb la família, una película que llega sin problemas a su objetivo de hacer un tipo de cine de calidad y a la vez accesible en el panorama del país, pero que también sufre la consecuencia de tenerlo todo tan pensado: una cierta dinámica acaso demasiado previsible y artificial. (...) Faltan, no obstante, los matices, las rendijas por donde se cuela la historia de verdad, la capacidad de hacer presentes los fantasmas... Es el precio que paga Coll por un acabado impecable, que deja entrever un gran cuidado a la hora de acercarse al tema y una pericia técnica de primer orden. La cineasta barcelonesa domina el medio. Y este crítico no duda que en breve también logrará emocionarlo con sus imágenes". (“Una promesa”, Avui, 29-VI-2009).
En efecto, la frialdad y el apunte sólo sugerido o apenas desarrollado son las características de esta nueva directora. Con un final es abierto –da libertad al espectador– y aparentemente triste, logra un tono bastante esperanzador. Pero notemos que está empezando –es “una promesa”, dice el colega Losilla–, y ha comenzado con buen pie. Ganó el premio a la Mejor dirección en el Festival de Cine Español de Málaga. Apuntemos, pues, su nombre: Mar Coll.

“V. O. S.”, DE CESC GAY

Cuenta el juego de dos parejas, que mezclan sus avatares sentimentales con el rodaje de una película. Se trata de una historia de amor y amistad, que se plantea en versión original subtitulada –como indica ese V.O.S.– y combina ficción y realidad, al tiempo que evidencia la leve frontera que separa a ambas en la vida cotidiana.
Ciertamente, en esta nueva película de Cesc Gay (Barcelona, 1967), se confunde lo que es cine –pues el relato transcurre prácticamente en un plató– y lo que es la vida ordinaria de los cuatro protagonistas. Y cómo ésta influye en la propia creación cinematográfica. Apenas sabemos si estamos contemplando una relación y es sólo el juego de la puesta en escena. No obstante, esa confusión narrativa da cierta originalidad a un filme que el espectador sigue complacido y contempla con sumo interés.
El director de Krámpack (2000), En la ciudad (2003) y Ficción (2006) nos ha vuelto a sorprender con una obra madura, basada una pieza escénica de Carol López, que en el año 2005 interpretó su mujer –la actriz Àgata Roca– en el Teatre Lliure de Barcelona, junto a los otros tres compañeros de reparto.
Si la obra teatral se anunciaba con una célebre frase de Woody Allen –“La pareja es cuestión de suerte. Pienso que es algo totalmente fuera de nuestro control. Sólo un feliz accidente puede conseguir que dos personas que se quieran lleguen a encajar perfectamente las piezas para así poder disfrutar de toda una vida”–, la película convierte a los cuatro personajes en actores, lo que no sucedía en el escenario, y ambienta la historia en un rodaje, con furtivas salidas a la Ciudad Condal. De ahí que algún crítico haya titulado su reseña –parangonando a la frívola comedia de Allen– como “Vicky Clara Barcelona”.
Pero Cesc Gay va mucho más lejos que el genial cómico estadounidense. Dejemos que hable de su puesta en escena y voluntad de expresión: “Es la historia de dos parejas que no son dos parejas. La trama es amorosa, pero con muchas capas. En un juego de cuatro personajes atrapados en una película, entre la realidad y la ficción de sus vidas. La base de los diálogos se mantiene, porque los actores fueron partícipes de ellos y yo me aprovecho de esto. El dónde y el cómo suceden las cosas es lo que he cambiado. Normalmente, como ya hice con Krámpack, las adaptaciones de textos teatrales y literarios intentan, como el término indica, adaptarse al medio al que van destinados. En este caso se trataba de adaptar y transformar también la puesta en escena de la obra, sus juegos y recursos narrativos propiamente teatrales en los adecuados para un largometraje cinematográfico. Se entiende que esto es lo correcto, lo que hay que hacer, lo razonablemente sensato, lo que nadie pone en duda e incluso lo que el espectador quiere. Sentí, desde aquel primer momento, que tenía que hacer lo contrario. Una adaptación al uso habría situado en espacios reales las diferentes escenas de la obra. Pisos, calles, coches, bares. El cine parte casi siempre de la realidad de las situaciones. Se busca la credibilidad. Un guionista obediente se hubiera concentrado en las tramas de la obra para desarrollarlas de forma realista en un marco urbano y posiblemente hubiera tenido que eliminar aquellos momentos que no hubiera sido capaz de hacer creíbles; aquellos que a mí me sedujeron”.
En efecto, V.O.S. es un filme que ofrece una aguda reflexión crítica sobre las relaciones entre el arte cinematográfico y la existencia cotidiana, sobre la verdad y el engaño; o acerca de las relaciones humanas, en una palabra. Acaso ahí está su máximo valor, a la vez que manifiesta el carácter cinéfilo de su autor. Por tanto, el realizador catalán continuaría manifestándose en estos términos: “Reflexioné sobre el valor de la cuarta pared en el teatro y la dificultad de conseguir esa sensación desde la pantalla de una sala de cine. Empecé a pensar en películas. Me venían a la memoria las imágenes del océano de Y la nave va de Fellini y algunas muchas otras historias. Luego recordé los últimos filmes de Lars von Trier. La utilización que hizo del plató en Dogville como lugar que engloba los espacios apenas apuntados. Tratamientos formales aparentemente más cercanos al escenario teatral. Así decidí situar la historia, casi por completo, en un plató. Transformarla en un rodaje. Convertí al escritor en guionista. Como espectadores asistimos al rodaje de lo que está escribiendo cual ficción en directo. Quiero darle a los personajes el valor, no de actores de algo que vemos que se está filmando como muchas veces hemos visto en el cine, sino de actores de nuestra propia película. El equipo de rodaje, los decorados, el dentro y el fuera, la ficción y la realidad se entrecruzan, se confunden y se convierten en una misma cosa descubriendo todos sus trucos y toda su carpintería propiamente cinematográfica. El mundo imaginario del teatro no está en el cine, que ha evolucionado hacia una búsqueda de realismo. Yo aquí no busco reflejar la realidad”.
Versión Original Subtitulada es una obra ácida y divertida a la vez, inteligente y romántica, tierna e irónica, que también habla de la falta de libertad y puede resultar un acicate para el pensamiento del público aficionado al que va dirigida, cinéfilo o amante de este tipo de comedias. El mismo director y guionista la definiría así: “Pensé que el cine ha perdido esa libertad y anoté dos frases en un papel: hay que mirar a los ojos del espectador como desde un escenario. Hay que mentirle todo el rato... y hay que decírselo”.
Asimismo, cabe destacar ese reparto coral que llena la pantalla: la mencionada Àgata Roca, como la simpática Clara, su delicada antagonista Vicenta Ndongo, y los “partenaires” vascos Paul Berrondo y Andrés Herrera, que hablan euskera en algunos pasajes del filme.
Obviamente, estamos ante una película importante, que pienso hará historia en el cine español y catalán.

lunes, junio 01, 2009

PELÍCULAS RECOMENDADAS (12) PARA ESTE VERANO'09



APPALOOSA (USA, 2007), de Ed Harris, con Viggo Mortensen, Ed Harris, Jeremy Irons y Renée Zellweger. Color - 114 minutos.
Western clásico, siguiendo el estilo de los maestros del género, que reúne las constantes de las populares cintas del Oeste. Bien interpretada, contiene secuencias que rememoran a grandes películas. Gustará más a los aficionados al cine épico. En la misma línea creadora cabe recomendar también el remake de El tren de las 3:10 (2008), de James Mangold, con Russell Crowe y Christian Bale.

BELLA (México-USA, 2007), de Alejandro Monteverde, con Eduardo Verástegui, Ali Landry y Tammy Blanchard. Color - 91 minutos.
Melodrama romántico, con grandes valores humanos. Se trata de una película independiente y "comprometida", que plantea algunos temas transcendentes con delicadeza y sin caer en el sermón. Recibió el Premio Familia 2008. Vale la pena documentar este film con el libro de Jaume Figa y Tim Drake, Una bella historia (Madrid: Palabra, 2009).

EL CABALLERO OSCURO (USA, 2008), de Christopher Nolan, con Christian Bale, Heath Ledger y Maggie Gyllenhaal. Color - 152 minutos.
Nueva película de la saga del famoso cómic, bien interpretada por Christian Bale como Batman y por el “oscarizado” póstumo Heath Ledger como Joker, que ha batido records de taquilla en todo el mundo. Es un espectáculo muy brillante, no exento de humanidad.

LA CLASE (Francia, 2008), de Laurent Cantet, con François Bégeaudeau, Nassim Amrat y Laura Baquela. Color - 128 minutos.
Ganadora de la Palma de Oro en Cannes’08, esta película cuenta un curso de la vida de una clase de 3º de Secundaria en un instituto de mayoría inmigrada en París. Basada en el libro de un profesor galo, que se interpreta a sí mismo en el film, gustará especialmente a los educadores.

EL DESAFÍO: FROST CONTRA NIXON (USA-GB, 2008), de Ron Howard, con Frank Langella, Michael Sheen y Tobu Jones. Color - 122 minutos.
Narra la génesis y el ambiente de las célebres entrevistas que el dimitido presidente Richard Nixon concedió al periodista inglés David Frost, hasta entonces conductor de programas de variedades. Aunque el film está basado en una obra teatral, resulta una crónica apasionante, bien interpretada, que nos aproxima a la personalidad humana del fallecido político estadounidense.

GRAN TORINO (USA, 2008), de Clint Eastwood, con Clint Eastwood, Christopher Carley y Bee Vang. Color – 116 minutos.
Importante película dramática de este veterano maestro del cine americano, que demuestra en su madurez (79 años) gran genialidad como creador. Con cierta dureza de imagen y situaciones límite (el lenguaje es grosero), trata de la redención con acierto ético y revisa críticamente el personaje de interpretó en los spaghetti-western y en el cine policíaco (la popular serie de Harry).

EL INTERCAMBIO (USA, 2008), de Clint Eastwood, con Angelina Jolie, John Malkovich y Amy Ryan. Color - 141 minutos.
Nueva obra maestra de Clint Eastwood –autor también de la partitura musical–, que relata una historia real (Los Ángeles, 1928-1935). Es un melodrama de suma perfección artística, con crítica sociopolítica y defensa de la dignidad humana. Sin duda, es el mejor clásico de este año. Artísticamente resulta bastante superior a la antes recomendada Gran Torino.

EL NIÑO CON EL PIJAMA A RAYAS (GB-USA, 2008), de Mark Herman, con Asa Butterfield, Vera Farmiga y David Thewlis. Color - 96 minutos.
Puesta en imágenes del también recomendable best-seller de John Boyle. Se trata de una nueva película sobre el Holocausto, llena de humanidad, que gustará a todo tipo de público. Perfectamente ambientada e interpretada. También resulta interesante sobre este tema Good (2009), de Vicente Amorim, con Viggo Mortensen y Jason Isaacs.

SLUMDOG MILLIONAIRE (GB-India, 2008), de Danny Boyle & Lovelee Tandan, con Dev Patel, Freida Pinto y Amil Kapoor. Color - 120 minutos.
Ganadora de los principales Oscars de Hollywood del presente año, está basada en una novela del diplomático indio Wikas Swarup. Como si fuera una relectura de Dickens, el relato –ambientado en el Bombay actual– combina el clasicismo con la modernidad. Resulta divertida y conmovedora, aunque no escatima dureza en algunas escenas realistas. Hay un homenaje final a los “musicales” de Bollywood.

VALKIRIA (USA, 2008), de Bryan Singer, con Tom Cruise, Kenneth Branagh y Tom Wilkinson. Color - 120 minutos.
Crónica pormenorizada del frustrado atentado a Hitler en las postrimerías de la II Guerra Mundial. El galán Tom Cruise encarna al célebre coronel Claus von Stauffenberg. Muy bien ambientada, gustará no sólo a los aficionados a la Historia, sino a todo tipo de público. Aunque es una película comercial, resulta superior a la también recomendable Oh, Jerusalén (2008), de Elie Chouraqui, basada en el best-seller de Lapierre y Collins.

THE VISITOR (USA, 2008), de Thomas McCarthy, con Richard Jenkins, Hiam Abbas y Haaz Sleiman. Color - 104 minutos.
Cuenta la historia de un profesor universitario en crisis, que llega a Nueva York para participar en un congreso y encuentra su apartamento ocupado por una pareja de inmigrantes: un sirio y una chica de Ghana. Cinta sobria, solidaria y plena de humanidad, que gustará especialmente a los cinéfilos.

WALL-E (USA, 2008), de Andrew Stanton. Animación. Color - 98 minutos.
Impresionante película made in Pixar –la actual líder del género–, que divertirá a grandes y chicos. Plena de lirismo y comicidad, toca con acierto el problema ecológico del nuestro mundo. Ganadora del Oscar’2008 al Mejor film de animación, es una obra magistral. Asimismo, cabe recomendar –aunque con personajes reales– Las crónicas de Narnia: El príncipe Caspian (2008), de Andrew Adamson, segunda parte de la saga de C. S. Lewis.
(Publicado en http://www.cinemanet.info/, 5-VI-2009).

martes, mayo 05, 2009

"LOS ABRAZOS ROTOS". ALMODÓVAR LINDANDO EL CULEBRÓN INTELECTUAL


Dos largos años ha tardado Pedro Almodóvar de regresar al plató. Tras el éxito de Volver –su película más taquillera (véase reseña más abajo)–, nos ha sorprendido con un filme más entroncado con su primera época y el cine negro de La mala educación (2003). Una pieza que no acaba de convencer, pero que conserva ese estilo característico, que le ha hecho célebre en todo el mundo como cineasta.

En efecto, Los abrazos rotos (2009) es una obra de autor, donde Almodóvar parece “rizar el rizo” a su filmografía. Incluso cierra el filme con un episodio que rememora Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) sin ningún pudor, y que titula “Chicas y maletas”. Acerca de este auto-homenaje, se defiende así:

"Cuando escribí el guión decidí que Mateo Blanco estuviera rodando una comedia porque es el género opuesto al drama que viven los protagonistas, de este modo sus problemas adquirían mayor relevancia, y los esfuerzos de Lena por conseguir el tono ligero y chispeante que la comedia exige resultaban más notorios y patéticos.
Sólo necesitaba tres o cuatro secuencias de “Chicas y maletas”, que sirvieran de fondo a la historia principal, pensé que lo mejor era adaptar material propio, en que pudiera moverme con total libertad. Por esa razón elegí Mujeres al borde de un ataque de nervios.
En el monólogo de las fantasías eróticas de una concejala de asuntos sociales recupero ese tono libérrimo, lúdico, políticamente muy incorrecto, incontenido y grosero de la Patty Diphusa de principios de los ochenta. Confieso que ha sido una experiencia refrescante y liberadora".

Pero, ante todo, Los abrazos rotos es una historia de “amour fou”, un melodrama que está lindando el culebrón tan querido por este autor. Y, asimismo, un thriller que evoca al cine americano de los años 50. Es obvio que, con los años y las canas, Pedro Almodóvar se ha transformado en un cinéfilo.
Ciertamente, de declaración de amor al Séptimo Arte cabría calificar a su último filme, con referencias explícitas a Fritz Lang, Louis Malle, Michael Powell, William Wyler y Roberto Rossellini; aunque el relato chirría por sus habituales obscenidades y concesiones, junto a esos decorados pretendidamente kitsch que resultan un tanto cargantes. Pero dejemos que hable de nuevo el cineasta sobre su voluntad de expresión:

"El cine juega un papel muy importante en todas mis películas, no lo hago como un alumno que reverencia a sus directores progenitores, no hago películas a la manera de... Cuando un autor o una película aparece dentro de las mías lo hace de un modo más activo que el del simple homenaje o guiño al espectador.
También en Los abrazos rotos utilizo la transparente sencillez de Viaggio in Italia (Te querré siempre, 1954), de Rossellini, para mostrar el efecto que causa en Lena-Penélope el descubrimiento de la pareja calcinada en Pompeya dos mil años antes.
Siento que es la primera vez que hago una declaración expresa de amor al cine; no con una secuencia en concreto, sino con toda una película. Al cine, a sus materiales, a las personas que se desviven alrededor de los focos, a los actores, a los montadores, a los narradores, a los que escriben, a las pantallas donde se ven las imágenes moviendo intrigas y emociones. A las películas como se hicieron en el momento en que se hicieron. A algo que aunque se pueda vivir de ello, no es sólo una profesión sino una pasión irracional".

No obstante, dudo que muchos espectadores capten esa intencionalidad. De ahí el relativo éxito que está teniendo la película. Con todo, se están agotando las reservas en el hotel de la isla volcánica de Lanzarote, donde rodaría una pequeña parte del filme.

Más interesante resulta la relación entre padre e hijos, maternidad y paternidad; es más, de la ausencia del padre. La familia, en una palabra. Otra constante de la obra almodovariana. También la productora Judit (espléndida Blanca Portillo) tiene mucho que esconder. Y habla del dolor y la venganza, de la conciencia de culpa y el arrepentimiento, del amor y el perdón. Por eso el especialista Juan Orellana comentaría:

"Almodóvar vuelve a tocar la cuestión del padre ausente. El momento más sobrecogedor del film es el que nos muestra al padre de Lena, en fase de cáncer terminal. Pero la búsqueda inconclusa del padre de Todo sobre mi madre culmina aquí recomponiéndose el vínculo padre-hijo, aunque por supuesto sigue ausente un modelo de familia válido. Como siempre, los personajes de Almodóvar están solteros o divorciados o mantienen relaciones atípicas".

Asimismo, está presente el tema del doble. El protagonista, Mateo Blanco (notable Lluís Homar, ya convertido en “actor Almodóvar”), tiene dos nombres: cuando empieza a llamarse Harry Caine lo hace para huir de sí mismo; pues su realidad como ciego es insoportable. Sólo puede sobrevivir “duplicado”. Antes del accidente, ese nombre ya era una prolongación de sí mismo: se había inventado ese seudónimo para firmar los guiones. Como para muchos cineastas, la ficción es sólo un ensayo de la realidad. Pedro Almodóvar lo concretaría mejor con estos términos:

"El cine es la profesión de varios personajes de Los abrazos rotos. Siempre lo he dicho, el cine para mí es “representación” de la realidad, y a veces su más fiel reflejo, su “duplicación”.
“Dos” son los personajes que Penélope Cruz incorpora en Los abrazos rotos. Magdalena, una mujer demasiado guapa y demasiado pobre para resistir la generosidad envenenada del magnate Ernesto Martel. Y Pina, su contrafigura, la protagonista de “Chicas y maletas”.
El cine y la realidad: Dos cabalgan juntos. (Y evoca aquí el título de una película de John Ford).

En fin, que Almodóvar se nos ha vuelto intelectual; ahora que ha cumplido los 60 años. De ahí que el escritor Gustavo Martín Garzo le dedicara prácticamente un ensayo en El País (“Una casa de lava”, 19 de marzo de 2009), donde desentraña lo que no se ve en una primera lectura del filme. O va más allá del propio autor.

lunes, abril 27, 2009

"CATALUÑA ESPANYA", de Isona Passola & Joan Dolç

Este “comprometido” documental se presentó en la festividad de San Jordi’09 (la “Diada” en Cataluña), cuando en las más populares avenidas de Barcelona se celebraba la multitudinaria fiesta del Libro y la Rosa

Se trata del notable debut en la dirección cinematográfica de una veterana productora, Isona Passola, quien ha contado con el coguionista Joan Dolç como realizador y montador. De ahí que, en rigor, haya que dar la autoría del filme a sendos cineastas.

Con el eslógan jo només vaig a veure pel·lícules que acabin bé (“yo sólo voy a ver películas que acaben bien”), los autores manifestaron así su voluntad de expresión (que traduzco también del catalán):

“Hoy es más necesario que nunca que los catalanes nos expliquemos aquí y fuera. Hasta este momento, parece que no se haya encontrado la manera de que Cataluña y España encajen. La desinformación, el desconocimiento y la poca difusión en el resto del Estado, hacen que sea necesario, ahora más que nunca, un esfuerzo de reflexión de la sociedad civil. El diálogo se ha de abrir en un horizonte moderno y europeo.

Queremos, como lo hizo La pelota vasca de Julio Médem en su momento, empujar a la reflexión con la visión serena de pensadores de todas las tendencias, más que con la de los políticos, que tienen todo el espacio en los medios. Desde Toni Soler a Xavier Rubert de Ventós, pasando por Albert Boadella; de José Alcalá-Zamora y Queipo de Llano a Luis María Ansón, pasando por el humorista Máximo, y más de cuarenta hombres y mujeres RAZONANDO y SACUDIENDO nuestros prejuicios, sobre el sentido de los Estados y de las Naciones, ¡ahora que ya es el futuro!”.

Francamente, el tándem Passola-Dolç consigue con creces sus objetivos. La película resulta apasionante, las entrevistas se siguen con fruición. Isona Passola evita en esos diálogos ante la cámara el propio protagonismo; pues nunca sale en el plano. Y deja hablar a sus anchas a pensadores, gente de letras, filósofos y políticos, que exponen con entera libertad sus a veces encontradas visiones sobre cada cuestión. Asimismo, Joan Dolç combina las figuras con imágenes que enriquecen o aclaran el contexto al que se refieren los 34 entrevistados, evitando la pesadez del “busto parlante” y haciendo más dinámica la narración.

Cataluña Espanya –su título ya dice mucho– ofrece luces sobre unos temas que han estado y siguen hoy controvertidos por la opinión pública: la persecución de la lengua vernácula durante el primer franquismo y su actual pretendida imposición, el nuevo Estatuto de Autonomía y el problema de la financiación, el nacionalismo y la unidad de España, el independentismo y la autodeterminación... En fin, prácticamente no se echa de menos ningún tema candente.

Además, todo ello se expone con moderación y cierta apertura, sin caer en radicalismos ni en la tendenciosidad que nos tienen acostumbrados este tipo de películas, habitualmente cerradas. Un 10, por tanto, para su eficiente equipo técnico-artístico. Por eso, bajo el epígrafe “Un filme siempre oportuno”, el periodista José Rico se pronunciaría en estos términos:

“La idea no es nueva. El inspirador fue Julio Médem. La cinta, de hora y cuarto de duración, se gestó en una conversación entre Passola y el director vasco, quien le confesó que se arrepentía de haber realizado La pelota vasca por el hostil recibimiento que había propiciado.
Pero Passola da por hecho que la acogida de su obra no será la misma, a pesar del paralelismo con el filme de Médem, que viene a la cabeza del espectador a lo largo de cada tema que aborda: el catalán, los papeles de Salamanca, las balanzas fiscales, la cuestión identitaria, los orígenes de España, la transición, el Estatut, la financiación y el independentismo.
La idoneidad del momento parece fuera de toda duda. Cualquiera de estos temas pasados o actuales (y otros que vendrán) explotan los recelos de España hacia Catalunya y viceversa, por lo que la directora confiesa que se trata de un trabajo “siempre oportuno”.
Además, difícilmente puede disgustar. Para los catalanistas o españolistas convencidos, es un bálsamo reconfortante. Y para los que nadan entre dos aguas, algunas opiniones les convencerán de que las etiquetas no suelen ser buenas. No se podrá acusar de españolista a Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, ponente constitucional que afirma sin cortapisas que “Catalunya es una nación, y Madrid no”. Tampoco a un catedrático de Historia de la Universidad de Castilla-La Mancha como Juan Sisinio Pérez Garzón, quien admite que Catalunya sale perjudicada con la financiación autonómica y que sitúa el origen de la nación española con la Constitución de 1812, y no 300 años atrás. Ni se podrá tachar de radical a Riquer cuando reconoce abiertamente que Catalunya “no se ha sabido explicar bien” en España”. (Cfr. “La película Cataluña-Espanya profundiza en los recelos con que se miran las dos naciones”, en El Periódico de Catalunya, 26 de abril de 2009).

Por otra parte, aparecen imágenes televisivas de José María Aznar, Mariano Rajoy, Alfonso Guerra, Rodríguez Ibarra, Carod-Rovira..., entre otros líderes de la Oposición y del Gobierno de la izquierda, que resultan muy clarificadoras y sirven como contrapunto al relato; al igual que la voz en off de César Vidal, desde “La Linterna de la COPE”, que abre el filme. También se incluye, en los títulos de crédito finales, la lista de aquellas personas representativas que no aceptaron ser entrevistadas, como Pilar del Castillo, Miquel Roca Junyent, Jiménez Losantos o Pedro J. Ramírez.

No sé si Cataluña Espanya contribuirá a un mejor entendimiento de y en nuestro país. Pero, sin duda, puede servir como punto de partida para un sano y amplio debate público entre los ciudadanos del Estado español.

lunes, marzo 30, 2009

PRESENTACIÓN EN BARCELONA DEL LIBRO SOBRE WOODY ALLEN


El 19 de marzo, el alcalde de Barcelona presidió el acto de presentación del libro Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara. Reproducimos a continuación el discurso de su autor -pronunciado en catalán- ante más de un centenar de asistentes, entre los que se contaban los directivos de la Acadèmia del Cinema Català y de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España


En primer lloc, voldria agrair Ediciones Encuentro de Madrid la publicació d’aquest llibre, perquè hi ha més d’un centenar d’obres que tracten sobre Woody Allen.
En segon lloc, el meu agraïment al Il·lm. Sr. Jordi Hereu, alcalde de Barcelona, qui presideix personalment aquesta presentació a la Ciutat Comtal, i també al professor Daniel Arasa, gran periodista i director de CinemaNet, el qual ha gestionat amb l’eficàcia que el caracteritza l’acte.
Tanmateix, el meu agraïment al reconegut col·lega Lluís Bonet-Mojica, crític de cinema de La Vanguardia i el millor deixeble de José Luis Guarner, que ha tingut la deferència de ser el meu padrí en aquesta presentació. A més, Bonet va ser el primer periodista de l’Estat espanyol que va entrevistar en exclusiva a Woody Allen.
Per últim, a tots vostès, que amigablement han vingut a aquest acte; però voldria citar de manera especial al Dr. Juan Ignacio Vargas, amb qui vaig organitzar un cicle titulat "Woody Allen, solo detrás de la cámara", que fou l’origen del present llibre.

Com ara em toca parlar a mi, he pensat afegir aquí el que no vaig tenir temps de fer en la primera edició d’aquest senzill assaig: criticar molt breument la darrera pel·lícula de Woody Allen que encara tenim en cartell, Vicky Cristina Barcelona, i la qual ha generat el primer Oscar a una actriu espanyola, Penélope Cruz. Així, doncs, resta completat, de moment, el meu assaig.

Vaig veure aquesta comèdia en una sessió prèvia per a la premsa, invitat per una emissora de ràdio, la qual anava a entrevistar-me com autor d’un nou llibre sobre el gran cineasta nord-americà. Fou en el programa “El Món a RAC1”, amb el popular Jordi Basté, qui després d’entrevistar en exclusiva al mateix Allen –11 minuts–, vaig parlar darrera del mestre: 9 minuts sobre Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara. Interviu que suposo haurà beneficiat la venda del llibre, aprofitant també el “boom” mediàtic de la pel·lícula en qüestió; com, sens dubte, el beneficiarà ara aquesta presentació oficial a Barcelona, a tres setmanes de la concesió de l’Òscar 2008 a Penélope Cruz com a Millor actriu de repartiment.
Amb tot, cal afegir que el nostre Ajuntament va ser la primera institució catalana que va reconèixer Woody Allen –molt poc després del premi Príncep d’Astúries de les Arts i molt abans del premi Donostia del Festival de San Sebastià i del Doctorat honoris causa de la Universitat Pompeu Fabra– amb el nomenament d’Amic de Barcelona, el mes de setembre del 2003. Perquè el cineasta de Manhattan és un enamorat de la Ciutat Comtal, estima Barcelona, la qual considera tan cosmopolita com París i Nova York. A més, a casa nostra ha donat nombrosos concerts amb la seva banda de jazz. Una relació amb la capital catalana que comentarien molt bé l’esmentat Lluís Bonet i el catedràtic J. A. González Casanova, tal com reprodueixo en aquest llibre.
Però, francament, Vicky Cristina Barcelona no em va agradar massa. No obstant això, el nostre l’alcalde Jordi Hereu i el coproductor Jaume Roures estan feliços, perquè la pel·lícula ha promocionat la Ciutat Comtal i rendit molt en taquilla. El públic barceloní (recordem que a Europa “funcionen” millor les pel·lícules de Woody Allen que en Estats Units) ha anat a veure la cinta, encara que després tampoc li hagi agradat pas. És a dir, la nova obra d’aquest geni de la pantalla, filmada a Espanya, és una peça menor, quasi “d’encàrrec”, la qual no està a l’alçada de la millor filmografia; però denota la personalitat del seu autor. Sens dubte, és un Woody Allen.
En efecte, el mestre Allen sap fer cine de veritat. És innegable. Fins i tot, aquí sap treure partit dels intèrprets espanyols (Penélope Cruz, després del premi “Gaudí” de l’Acadèmica del Cinema Català i del “Goya” de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, va guanyar el premi del cinema “indie” un dia abans de l’Òscar de Hollywood 2008) i també estrangers –Rebecca Hall, especialment–; però incideix massa en els escenaris naturals, en la arquitectura de Gaudí i en els mites de l’Espanya eterna. Potser el crític i col·lega universitari Àngel Quintana, delegat a Catalunya de Cahiers de Cinéma-España, és qui millor ho ha comentat en aquesta revista especialitzada. Editada a Madrid, la citació és en castellà:

"El primer problema que genera el film surge cuando comprobamos que Allen lo mezcla todo sin ningún tipo de matiz cultural. El cineasta pasa tranquilamente del modernismo catalán a los dramas lorquianos, coloca las nadalas en tierra asturiana y la guitarra de Paco de Lucía en los bares más chic de Barcelona. La mezcla desemboca en la revisitación de los tópicos eternos que han configurado un determinado imaginario español en Hollywood. Así, el macho polígamo interpretado por Javier Bardem no cesa de proyectarse como una extensión del mito de Don Juan, mientras que la mujer vengativa y de sangre caliente (Penélope Cruz, la mejor de la función) no es más que la réplica eterna de Carmen".


Per tant, Vicky Cristina Barcelona és la visió que tenen d’Espanya els nord-americans; per això el narrador va explicant el decencís i les aventures sentimentals d’unes dones que cerquen denodadament l’amor on no es troba. Altra vegada els constants del sexe i l’amor autèntic, que cap dels protagonistes aconsegueix, són presents en aquesta pel·lícula. Y al final, no només les joves estadounidencs tornen decebudes al seu país, sinó que els espanyols –que no catalans– resten pijor que estaven.
Vicky Cristina... no és, doncs, una comèdia superficial, la “españolada” ni Barcelona o Asturias de tarja postal, com se l’ha acusat des d’alguns mitjans de comunicació de casa nostra. El que passa és que en Woody Allen no acaba de aprofundir en el seu discurs, ja que no aconsegueix ni tampoc ho intenta cap anàlisi social.

En canvi, la crítica nord-americana ha estat favorable. Conservo en els meus arxius ressenyes dels diaris de Washington –que em va portar el doctor Rafael de España, a qui he dedicat aquest llibre– que ho confirmen. Tanmateix, a finals del passat mes d’agost el film ja tenia acumulat als Estats Units una taquilla de 18,4 milions de dòlars. A España, en el primer cap de setmana va recaptar 2,2 milions d’euros, amb 351.000 espectadores. Tot un rècord. A hores d’ara la recaptació a l’Estat espanyol és de 7.487.133 euros, amb 1.244.167 espectadors.
Tot i això, Woody Allen no ha reflectic l’idiosincràsia de la gent de casa nostra –recordem que és un “barcelonés accidental”, en frase prestada de Carlos Ruiz Zafón– com ho ha fet de la seva estimada Nova York i, fins i tot, de Londres en la reconeguda trilogia sobre el món britànic. En aquests darrers films parlava dels altres dues constants de la seva obra: la Mort i el Més enllà, i de la existència de Déu –en el fons, crec que Woody Allen busca Déu, cerca la veritat – i, també, parla molt de la solitud. Una temàtica força present en el cinema contemporani.
Per acabar, Vicky Cristina Barcelona tracta, en síntesi, de dues joves turistes nord-americanes, així com d’espanyols en clau de comèdia agridolç; pero no molt més. Ara bé –insisteixo–, amb la personalitat del seu autor i amb els “fantasmes” de Don Juan i Carmen en l’escenari. I, sens dubte, la Penélope Cruz –com va reconèixer a la recent gal·la de Los Ángeles– també deu l’Oscar de Hollywood al mestre Allen.
Però si volen saber una mica més sobre l’actitud ètico-antropològica d’en Woody Allen i de la seva relació sentimental amb Barcelona, els convido a llegir aquest llibre. Moltes gràcies.

JOSEP MARIA CAPARRÓS LERA (Sant Josep, 19 de març de 2009).

domingo, marzo 08, 2009

El lector / el experto: "VALKIRIA"


RUBEN MATEU desde Lleida, preguntó en la secció de "Opinión" de El Periódico de Catalunya, ¿En qué consistió la Operación Valkiria? A lo que fui convocado para contestarle. Reproduzco el texto tal como apareció en este diario barcelonés


"Debido al curso desfavorable para el Tercer Reich de la Segunda Guerra Mundial, se estableció un plan de emergencia militar para utilizarlo en el caso de una revuelta en la retaguardia. La operación implicaba la movilización de unidades de la Wehrmacht para restablecer la autoridad y tomar el control de la ciudades.

El plan fue utilizado por el coronel Claus von Stauffenberg -que dirigió un intento fallido para acabar con la vida de Hitler mediante un atentado con bomba- para dar un golpe de Estado y arrestar a los líderes nazis y desarmar a las SS y a la Gestapo, y así poner fin a la guerra. Todos los conspiradores fueron ejecutados o se suicidaron.

La película Valkiria narra esos hechos con bastante precisión, pero no llega a profundizar en las motivaciones de los protagonistas ni en la psicología de los personajes.

J. M. Caparrós Lera

Profesor titular de Historia Contemporánea y Cine en la Universidad de Barcelona"


(Publicado en El Periódico de Catalunya, 7 de marzo de 2009, pág 9)

martes, febrero 24, 2009

UNOS OSCARS NADA CONVENCIONALES


Penélope Cruz, la primera actriz española que alcanza la estatuilla dorada, con Sean Penn y Kate Winslet


La 81 ceremonia de los preciados Oscar de Hollywood tuvo como primera protagonista a nuestra Penélope Cruz, que con su interpretación secundaria en Vicky Cristina Barcelona, de Woody Allen, logró merecidamente el premio a la Mejor actriz de reparto 2008.
Sin embargo, la gran triunfadora de esa noche dorada del Séptimo Arte fue la película anglo-india Slumdog Millionaire, del británico Danny Boyle, otro filme innovador de este autor vanguardista que no dejará indiferente al público mundial. No obstante, es una película más dirigida a cinéfilos que tuvo gran dificultad de distribución en España y pensó lanzarse directamente al mercado del videoclub. Gracias al empuje y atrevimiento de Julio Fernández, Filmax optó por estrenarla en las salas y ahora ha recibido su recompensa: ocho Oscars, a la Mejor película, Mejor director, Mejor guión adaptado, Mejor fotografía, Mejor montaje, Mejor música, Mejor canción y Mejores efectos de sonido.
Por otra parte, el más convencional filme de David Fincher, El curioso caso de Benjamin Button –un producto brillante, que parecía realizado para los Oscar y tenía 13 nominaciones– sólo se llevó tres galardones técnicos: Mejores dirección artística, maquillaje y efectos visuales; mientras la otra gran candidata de esta 81 edición, Mi nombre es Harvey Milk, de Gus Van Sant, obtuvo únicamente dos: Sean Penn, como Mejor actor protagonista, y el correspondiente al Mejor guión original, que reivindica a un célebre activista gay y líder político californiano que sería asesinado.

Otra película con un fondo equívoco fue The Reader (El lector), de Stephen Daldry, con la cual su protagonista, la eterna candidata Kate Winslet, finalmente se llevó el Oscar a la Mejor actriz. Aquí interpreta a una celadora que tiene relaciones sexuales con un menor y, años después, éste descubre el pasado nazi de una mujer que le dejó traumatizado. Por otro lado, el premio al Mejor actor secundario recayó en el fallecido Heath Ledger, por su interpretación en El caballero oscuro, nueva secuela de Batman que logró el Oscar al Mejor sonido.
Asimismo, la singular película de animación Wall-E, de Andrew Stanton, resultaría otra triunfadora de la noche; al tiempo que el Oscar al Mejor filme extranjero fue para el japonés Okuribito, de Yojiro Takira, aún no estrenado en España. Y poco más, entre los importantes. Con todo, se fueron de vacío Angelina Jolie, gran intérprete de la obra maestra de Clint Eastwood, El intercambio, y los notables trabajos de Frank Langella, en El desafío: Frost contra Nixon, y del "recuperado" Michey Rourke, en El luchador, así como el original filme de animación Vals con Bashir, del israelí Ari Folman.
Pero volviendo a la joven actriz de Alcobendas (Madrid), cabe decir que Penélope Cruz, muy emocionada en el escenario del Kodak Theatre de Los Ángeles, agradeció en buen inglés a sus orígenes la preciada estatuilla: a su familia, y también a los cineastas que la lanzaron al estrellato: Pedro Almodóvar, Bigas Luna, Fernando Trueba y, más especialmente, a Woody Allen. Dice el refrán, que “es de bien nacidos ser agradecidos”. Déjenme decirlo popularmente: Pe se lo ha currado. El endémico cine español está de enhorabuena. Y los aficionados autóctonos no envidiosos, felices.
(Publicado en www.cinemanet.info)

domingo, enero 25, 2009

MÁS PELÍCULAS RECOMENDADAS (11)


Nueva relación de filmes, que recomiendo para un público amplio. Como en las listas anteriores, señalo con un asterisco (*) las películas más dirigidas a mayores o que pueden gustar especialmente a espectadores de Tercera edad. También indico los títulos idóneos para cinéfilos y menores.


Últimos estrenos:

- Appaloosa*
- Bienvenidos al Norte (cinéfilos)
- El cant dels ocells (cinéfilos)
- City of Ember (En busca de la luz)
- Cartas para Jenny*
- La clase
- El desafío. Frost contra Nixon*
- La duda*
- Gran Torino*
- El intercambio*
- Mongol*
- Resistencia*
- Slumdog Millionaire (cinéfilos)
- El valiente Desperaux (menores)
- Valkiria*


DVD recientes:

- Bella*
- El caballero oscuro
- Che: el argentino
- Las crónicas de Narnia 2. El príncipe Caspian (menores)
- Hace mucho tiempo que te quiero*
- High School Musical 3
- Horton (menores)
- La isla de Nim (menores)
- Lars y una chica de verdad
- Los limoneros
- El niño con el pijama a rayas*
- Los niños de Huang Shi
- Penélope
- El tren de las 3:10*
- Ultimátum a la Tierra
- Viaje al centro de la Tierra (menores)
- Wall-E (menores)

lunes, diciembre 22, 2008

6 PELÍCULAS RECOMENDADAS PARA ESTAS NAVIDADES

El intercambio, la magistral película de Clint Eastwood

Cuando llegan las fiestas, bastantes aficionados me piden les recomiende algunos títulos para ver en familia.
Ahí va, pues, una selección de seis filmes de categoría artística para disfrutar con el buen cine (por orden alfabético):


Jóvenes


APPALOOSA (USA, 2007), de Ed Harris, con Viggo Mortensen, Ed Harris, Jeremy Irons y Renée Zellweger. Color - 114 minutos.
Western clásico, siguiendo el estilo de los maestros del género, que reúne las constantes de las populares cintas del Oeste. Bien interpretada, contiene secuencias que rememoran a grandes películas. Gustará más a los aficionados al cine épico.

BELLA (México-USA, 2006), de Alejandro Monteverde, con Eduardo Verástegui, Ali Landry y Tammy Blanchard. Color - 91 minutos.
Melodrama romántico, con grandes valores humanos. Se trata de una película independiente y "comprometida", que plantea temas transcendentes sin caer en el sermón. Ha recibido el Premio “Familia” 2008.

EL INTERCAMBIO (USA, 2008), de Clint Eastwood, con Angelina Jolie, John Malkovich y Amy Ryan. Color - 141 minutos.
Nueva obra maestra de Clint Eastwood –autor también de la partitura musical–, que relata una historia real (Los Ángeles, 1928-1935). Es un melodrama de suma perfección artística, con crítica sociopolítica y defensa de la dignidad humana. Sin duda, el mejor clásico de este año.


Menores

BOLT (USA, 2008), de Chris Williams y Byron Howard. Dibujos animados. Color - 96 minutos.
Divertido largometraje de animación, que narra las desventuras de un perro travieso –superestrella de la televisión– en el mundo real, que hará las delicias del público infantil.

LA LEYENDA DE SANTA CLAUS (Finlandia, 2007), de Juha Wuolijok, con H.-P. Bjorkman. Documental. Color - 83 minutos.
Original película finlandesa, que narra cómo surgió el legendario Papá Noel. Atractivo documental rodado en Laponia y protagonizado por un niño solidario.

MADAGASCAR 2 (USA, 2008), de Eric Darnell y Tom McGrath. Animación. Color - 90 minutos.
Segunda parte de los simpáticos animales que abandonaron el zoo de Nueva York para vivir en libertad y, asimismo, “hacer felices” al gran público menor.

¡Feliz Navidad y Año 2009, con el mejor Cine!
(Publicado en www.cinemanet.info, 25-XII-2008).

martes, diciembre 16, 2008

LAICISMO Y CINE ESPAÑOL (II): "LA BUENA NUEVA"


Como ya apuntaba en el anterior artículo –ver Laicismo y cine español (I)–, continúan las películas sobre la Guerra Civil tratadas siempre con idéntico punto de vista: da igual la historia que cuenten, pues parece que sólo son la excusa para atacar a la Iglesia haciéndola copartícipe, ya sea por acción u omisión, de las atrocidades de tan funesto período de la historia de España.

Esta vez se trata de La buena nueva, de la realizadora navarra Helena Taberna (autora de Yoyes y Extranjeras), que en palabras de la misma directora “gira en torno a la recuperación de la memoria histórica, desde un punto de vista humano y emocionante. Mi intención -dice- no es apuntar a los culpables, sino rendir un recuerdo sanador y poético a los que perdieron la guerra. La película incorpora una temática inédita: el papel de la Iglesia en la Guerra Civil, tomando como punto de referencia las vivencias y el punto de vista de un sacerdote joven”.

El film, que va subiendo de tono a medida que avanza el metraje, nos presenta el bien y el mal absolutos y aunque el bien, en este caso, lo encarna un sacerdote joven formado en Roma, con recta doctrina y vocación integradora de los dos bandos, se vislumbra rápidamente que la “iglesia oficial” lo abocará a la deserción.

En efecto, la película relata el drama de un cura rural, que al aplicar el espíritu de las bienaventuranzas (de ahí su titulo) y al enfrentarse con la jerarquía eclesiástica –la cual estaba al lado de Franco–, entra en un conflicto de conciencia y cuelga la sotana. Basada en una historia real, aunque muy novelada, se inspira en la vida de un sacerdote joven, tío de la realizadora, que defendió a los republicanos y a sus mujeres-víctimas en un pueblo de Navarra, entre julio de 1936 y abril de 1939.

La tesis que defiende, con un maniqueísmo tan evidente que lo hace increíble, es que en la Iglesia no cabe la gente que quiera vivir el Evangelio hasta sus últimas consecuencias y que la única salida es marcharse o pactar con lo “políticamente correcto”. Sin embargo, los datos fríos y objetivos aportados por Jordi Albertí en La Iglesia en llamas (Barcelona: Destino, 2008) la desmienten. Aquí el autor del best-seller El silenci de les campanes, narra lo mismo aunque del otro lado de la retaguardia: la represión llevada a cabo por los milicianos, en su mayoría anarquistas. Dice Albertí en una entrevista reciente: “De los 50.000 ciudadanos ejecutados o asesinados en la España republicana, 7.000 eran eclesiásticos: ¡el 14%! Y de estos, 4.221 fueron eliminados en Catalunya. Pero el 95% de la matanza fue entre julio de 1936 y mayo de 1937.” (La Vanguardia, 18-XI-2008). La misma época que evoca con brillantez formal Helena Taberna. ¿No es esto vivir el Evangelio hasta sus últimas consecuencias sin escurrir el bulto?

En La buena nueva, el protagonista, el “héroe”, el buen sacerdote sin mezcla de mal alguno, no sigue en la brecha hasta dar su vida por sus ideales, sino que abandona la Iglesia y el sacerdocio para irse con la protagonista y su hijo, una viuda de buen ver. Dos alternativas a un problema que la directora simplifica cargando contra una Iglesia pactista con Franco, muda ante los asesinatos de los falangistas y requetés e interesada solamente en la instauración del nacional-catolicismo.

Burdo y simplista análisis de un período complejo que pretende, además, darle validez universal. ¿Será quizás que quienes subvencionan las películas exigen esa visión partidista?

La miseria moral de los falangistas y requetés, todos sin excepción, se muestra en toda su crudeza: todos ellos son seres viciosos, rencorosos y descreídos, que utilizan a la Iglesia como arma arrojadiza contra el bando republicano: obligan a bautizar a los hijos bajo amenaza de muerte y obligan a confesarse a los republicanos antes de despeñarlos. Un elenco de personajes descabezados desfila sembrando el terror y alimentando sus intereses sin freno alguno. Amorales que imponen su visión revanchista al cura de turno haciéndolo desertor o mártir.

Negar el entierro a los “rojos”, despeñarlos vivos, violar a las novias de los republicanos, son algunas de las “lindezas” con que La buena nueva nos recrea. Con una fotografía muy cuidada y algunas secuencias magistralmente filmadas, es seguro que optará a los premios “Goya”.

Pienso que ese maniqueísmo explícito no favorece a un film que cuenta con el aval del especialista Ian Gibson, y que intenta ser objetivo y afirma poseer visos de universalidad; pues como dice la propia realizadora, “La buena nueva se convierte así en una historia universal, como es la lucha por mantenerse fiel a los propios ideales, aunque ello implique un gran sacrificio personal”.

Por tanto, no voy a afirmar que no resulte verídico lo que cuenta la directora navarra; sólo añadir que criminales los hubo en ambos bandos de esa triste guerra fratricida, ya que los nacionales fusilaron a catorce sacerdotes nacionalistas vascos. Una Guerra Civil que antaño la Iglesia española bautizó como “cruzada” (recuérdese que dos obispos no firmaron la Carta colectiva promovida por el cardenal Gomá, quien después denunciaría la represión franquista de la posguerra y su nueva pastoral fue censurada por Franco), y que actualmente se está revisando desde la pantalla de un modo parcial.

En la prensa de estos días se recoge la noticia de la posible retirada de los crucifijos en las escuelas. ¿No les recuerda esta “guerra de crucifijos” a lo ocurrido en la instauración de II República? Presiento que vamos a tener memoria histórica, por lo menos, mientras dure la crisis económica en que actualmente vivimos.

miércoles, noviembre 19, 2008

"WOODY ALLEN, BARCELONÉS ACCIDENTAL. SOLO DETRÁS DE LA CÁMARA"

El cine de Woody Allen, en el análisis de un ensayista español

Por ROBERTO LAPALMA*
Un libro de reciente edición recoge aspectos de la vida y la obra de este singular artista contemporáneo, autor de obras reconocidas y notables.

Una de las personalidades más singulares de la cinematografía contemporánea es, sin dudas, Allan Stewart Konigsberg, mundialmente conocido como Woody Allen, un artista fecundo que aportó a la pantalla realizaciones que pueden considerarse verdaderos hitos en el campo del Séptimo Arte. Como ejemplo, no hay más que citar, entre otras, a Annie Hall, Interiores o Manhattan, todas las cuales contaron con su sello personal, con su estilo característico y hasta con una visión de la sociedad (fundamentalmente norteamericana) tan particular como los perfiles humanos de sus personajes. Sociedad y personajes a los que desgrana en cada una de sus obras, las que no son escasas.

A ese individuo ya septuagenario (nació en Brooklyn el 1 de diciembre de 1935), el estudioso catalán José María Caparrós Lera acaba de dedicarle un ensayo, recientemente lanzado por el sello editorial Encuentro. El libro se denomina Woody Allen, barcelonés accidental, un estudio que repasa aspectos de la vida y la obra de este cineasta que ha encontrado que, en la Ciudad Condal, se siente “querido de una manera discreta y elegante”, al decir de sus propias palabras, además de un campo fecundo para su inspiración. Por otra parte, también en ella sus películas han tenido siempre un inmejorable reconocimiento.

El libro de Caparrós Lera incluye ilustraciones de sus películas y de sus rodajes, una actualizada filmografía comentada, un análisis de sus obras, entrevistas, reseñas de distinciones varias acumuladas a lo largo de su carrera, reportajes y de homenajes que se le han tributado, además de una nómina de los filmes que Woody Allen reconoce como los mejores de la historia del cine (La gran ilusión, de Renoir; Ladrón de bicicletas, de Vittorio de Sica; La Strada, de Fellini; Los 400 golpes, de Truffaut, El séptimo sello, de Bergman, entre otros) y hasta una recopilación de frases ingeniosas vertidas aquí y allá por el artista (“La canas ya no se respetan, se tiñen”, por ejemplo, o “Cuando un médico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto” o ”En los aviones, el tiempo se pasa volando” o bien “Hoy en día, la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido”).
Todo eso y algo más incluye este trabajo del ensayista español que, como no podía ser de otra manera, reconoce en W. A. a “uno de los grandes cineastas de nuestro tiempo” y que, además, sabe “bucear por géneros y estilos muy diversos”. Finalmente, el autor sentencia: “Cuando un artista como Woody Allen se convierte en el hondo espejo de nuestros sentimientos más íntimos nos hace universales como seres humanos y nos sentimos representados ante el mundo”.

Mucho se escrito sobre los avatares de la vida, la personalidad y la obra en general de W. A., pero no hay dudas que este aporte hecho por Caparrós Lera, no sólo se ha sumado a esa literatura, sino que constituye una contribución casi insoslayable para comprender más y mejor la trayectoria de ese verdadero y singular artista.
(*) Reconocido crítico argentino. (Santa Fe, 17-XII-2007)
Ensayo crítico sin tópicos
Por PILAR MANZANARES
La filosofía y los valores ético-antropológicos que se ocultan en la filmografía de Woody Allen son, al menos, dos de los puntos en los que ahonda este ensayo crítico que se centra en las doce películas que ha dirigido, pero no interpretado, Allan Stewart Konigsberg (sí, es él).

Dejando, en la medida de lo posible, hablar al realizador y a sus críticos, el ensayo resulta interesante y ágil. Además cuenta con unas perlas finales como la lista de los mejores filmes de la historia según Allen y 25 de sus frases más ingeniosas.

Fieles o no al director, algo complicado en un mundo en el que "la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido", el libro engancha.

(Publicado en revista EME, núm. 85 (diciembre 2008).


Un pensador nada accidental

Por MIGUEL-FERNANDO RUIZ DE VILLALOBOS
Aunque la última película de Woody Allen (suponiendo que realmente la haya filmado él), Vicky Cristina Barcelona no merece más tinta de la que desgraciadamente, para bien o para mal, se ha gastado sobre ella, la película es una buen motivo para que un erudito como José María Caparrós Lera, profesor titular de Historia Contemporánea y Cine en la Universidad de Barcelona y director del Centro de Investigaciones Film-Historia, escriba un ineludible e indispensable estudio sobre la obra de Woody Allen, más allá de sus últimos devaneos con el negocio cinematográfico. Caparrós Lera aborda en este ensayo crítico las doce películas que Allen ha dirigido a lo largo de su carrera sin aparecer en las mismas, ya que en opinión del profesor Caparrós Lera son las más logradas de su filmografía porque el director neoyorquino ha centrado en ellas toda su capacidad creativa, sin la dispersión que significa la interpretación de un personaje, aunque sea el de uno mismo. Pero Caparrós Lera no se limita a un análisis cinematográfico simple y al uso si no que lo que hace es analizar la filosofía y los valores éticoantropológicos que hay en la filmografía del cineasta, con un especial apéndice en el que se analiza a Allen como “buscador de Dios”.
El libro es de una ayuda extraordinaria para descubrir, si se lee más allá de la mirada amable del doctor Caparrós Lera a las últimas producciones del director neoyorquino, con especial referencia a su estancia barcelonesa, el paulatino deterioro que se ha ido produciendo en la filmografía de Allen, decididamente abocado a un mercantilismo que no se encontraba en películas claves de su obra cinematográfica, en las que solo actuaba como director, como Interiores, La rosa púrpura de El Cairo, Días de radio, Septiembre, Otra mujer, Alice, Balas sobre Broadway, Celebrity, Acordes y desacuerdos, Melinda y Melinda (un verdadero testamento cinematográfico), Match Point y Cassandra's Dream. Los temas de la culpa, el amor y la pasión, el artista y la moral, el acto de creación y el azar son constantes en las doce películas dirigidas y no interpretadas por Allen como analiza con su habitual eficacia y brillante exposición el doctor Caparrós Lera. Un libro de alcance que ayuda a recolocar la obra cinematográfica y el quehacer de Woody Allen, un pensador nada accidental.
(Publicado en http://www.cinedecine.com/, núm. 491 (21-XI-2008), p. 13)


Woody Allen, barcelonés accidental. Solo detrás de la cámara
Autor: José María Caparrós Lera
Encuentro. Madrid (2008), 174 págs. 21 €

Por LUIS ANTONIO SANZ

El último libro de José María Caparrós rinde tributo a uno de los más admirados directores del séptimo arte: Woody Allen. Fiel a su habitual estilo compositivo, repleto de aportaciones variadas a través de las que se proporciona al lector diversos cauces de crítica y reflexión para que forme su opinión, el profesor de la Universidad de Barcelona nos ofrece una visión polivalente, pero muy centrada, de la filmografía y universo fílmico del director neoyorquino.
El libro se inicia con un breve recorrido por la trayectoria artística de Woody Allen, que se completa con un análisis de aquellas piezas en las que el director no ha intervenido como actor, sino que tan sólo ha realizado y escrito. Es en estas obras donde el profesor Caparrós Lera cree descubrir el verdadero Woody Allen y su mayor aportación a la historia del cine, pues en ellas se revelan más nítida y magistralmente sus preocupaciones y constantes creadoras.
Woody Allen, barcelonés accidental se cierra con varias intervenciones del propio director, diversos datos respecto a su filmografía, y algunos ensayos breves que completan esta original semblanza artística de Woody Allen “solo detrás de la cámara”.
Pero, junto a este subtítulo que sintetiza el grueso de la obra, la declarada admiración del director neoyorquino hacia el cine europeo, la acogida que siempre le ha brindado el público de la Ciudad Condal, y el hecho de que ésta sea el escenario de su último filme, Vicky Cristina Barcelona, animan el otro subtítulo del libro: “barcelonés accidental”, que incide en la especial relación que se ha ido forjando entre Barcelona y Woody Allen.
Este subtítulo muestra ese gusto tan típicamente barcelonés por fundirse con determinadas figuras de la escena internacional, en un intento por participar de su universalidad, pero este subtítulo es, sobre todo, la constatación de esta singular propiedad en las cuestiones que Woody Allen aborda en su cine, así como en el modo de tratarlas.
(Reseña publicada en http://www.aceprensa.com/, 12-XI-2008).


El supuesto “affair” Allen-Barcelona

Por JORGE MARTÍNEZ

Como es sabido de todos, últimamente Woody Allen frecuenta a menudo España. Su cine es algo mucho más europeo que americano y él lo tiene claro, con lo cual dedica bastante tiempo a lucirse como “celebrity” en nuestras Barcelona y Oviedo, en ocasión de premios, doctorados honoris causa y otros rodajes.
El libro que nos ocupa parece nacer a la sombra de ese súbito e interesante interés de Woody Allen. Su último filme, por ejemplo, Vicky Cristina Barcelona, seguramente se traducirá en prolíficas visitas turísticas en los años que vienen; gente en busca del vaporoso glamour de la Johansson y la Cruz, o de la violenta y taurina masculinidad de Bardem. En cierto sentido, este libro forma parte del “merchandising” de este fenómeno cultural de superficie.
No hay dudas de que el autor de Woody Allen, barcelonés accidental –expresión sacada de un artículo del escritor de best-sellers, Ruiz Zafón-, J. M. Caparrós Lera, sabe de lo que habla. No sólo lo acredita su puesto como Profesor Titular de Historia Contemporánea y Cine en la Universidad de Barcelona, sino también su dilatada obra como estudioso y crítico del cine.
Sin embargo, la urgencia de este volumen –quizás tenía que salir junto a la mencionada película– queda acreditada en su estilo periodístico y en su carencia de organicidad, que puntúa con pequeñas y tonificantes curiosidades –una: aparece el obituario de Bergman escrito por Allen– y coincidencias –además del parecido físico ostensible entre Allen y Caparrós, que se vislumbra en la fotografía del volumen, prácticamente nacieron a la vez, si tenemos en cuenta el cambio horario.
En cualquier caso, lo que es más de valorar son las generosas citas de Woody Allen que aparecen a lo largo del corto texto. Cosas como: “al final, el arte no salva a la persona. Por muy sublimes que sean las obras que uno ha creado”; o “el arte es el catolicismo del intelectual, es decir, una voluntad de creer en el más allá.” También resultan reseñables los sabios y sintéticos comentarios de Caparrós sobre la filmografía en que Allen no comparece tan sólo como actor, sino donde se juega exclusivamente como guionista y director. Vemos, por ejemplo, cómo su certero objetivo enfoca la siguiente afirmación extraída de Interiores: “Lo que nos preocupa es de orden espiritual, religioso. Si lo comprendemos, todo lo que podemos aprender en el campo profesional, artístico, político, se convierte en temporal e incompleto.”
En suma, poco sobre el supuesto “affair” Barcelona-Allen, pero algunos dispersos y curiosos abalorios sobre este gran director cinematográfico y su obra, capaces incluso de generar una industria de “souvenirs” propia. Para acabar, dos de las frases de este genio bajito y feo, de entre las que aparecen recopiladas al final del librito: “Cuando un médico se equivoca, lo mejor es echarle tierra al asunto”, y “Hoy en día, la fidelidad sólo se ve en los equipos de sonido.”
(Crítica publicada en http://www.humanidad.tv/libros, 10-XI-2008).


Una reseña de Juan Ignacio VARGAS

El prestigioso profesor y crítico de Cine, José María Caparrós, que lleva más de un cuarto de siglo en la enseñanza universitaria y ha escrito cerca de cuarenta libros nos presenta esta vez una obra maestra acerca del genial cineasta Woody Allen, enfocado no como actor cómico sino como director intelectual.
Además de presentar el autor interesantes apéndices acerca del neoyorquino de ascendencia europea -de entre los que destaca el ensayo "Woody Allen y las preguntas sobre Dios"- y otros artículos relacionados son su vida y obra, el capítulo más sobresaliente es sin duda alguna la visión profunda que da del Dr. Caparrós acerca del trasfondo antropológico y teológico que esconden las obras más elevadas como Interiores (1978), La rosa púrpura de El Cairo (1985), Septiembre (1087) o Cassandra's Dream (2007), entre otras muchas.
Temas como la vida, el amor, la libertad o la muerte se traslucen a la pantalla una y otra vez, recreados en una ambientación social de elite ya sea en Nueva York, Londres o Barcelona. Este cineasta estadounidense que se jacta de ser despreciado en su país y admirado en Europa por su profundo análisis del hombre intelectual y urbanita contemporáneo, no defraudará a nadie en esta obra del crítico barcelonés.
Este libro se inspiró, entre otras, en el IV Ciclo de Cine titulado "Woody Allen, solo detrás de la cámara" impartido en IESE Business School de Barcelona y organizado por la Agrupación de Graduados de la Universidad de Navarra.

(Publicado en http://averigüelovargas.blogspot.com/, 2-XI-2008).



Entrevista a Josep Maria Caparrós

“Las películas de Woody Allen reflejan la crisis de la sociedad, es un testigo excepcional del vacío y las preguntas sin respuesta de esta época”

Por FRANCIS ALONSO

Josep Maria Caparrós es Profesor Titular de Historia Contemporánea y Cine en la Universidad de Barcelona, además de ser el Director del Centre d’Investigacions Film-Història de esta universidad. Josep María es también miembro de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España y del Círculo de Escritores Cinematográficos, el cual le concedió la Medalla a la Mejor labor literaria y periodística por su carrera profesional como crítico en 2007. Acaba de publicar un nuevo libro: Woody Allen, barcelonés accidental (Ed. Encuentro) sobre el director neoyorquino. Asistimos a la presentación del libro y aprovechamos la ocasión para hablar con el “maestro” Caparrós.

Perkeo: Josep María Caparrós se ha decidido a publicar un libro sobre Woody Allen, pero ¿no crees que se ha escrito mucho sobre este director?
Josep María Caparrós: Sí, es cierto. Este es el libro número 105 sobre Woody Allen, incluyendo monográficos, biografías o estudios concretos de películas. Podríamos decir que ya está todo dicho sobre él y que era muy difícil decir algo nuevo. Por eso decidí escoger las películas que sólo ha dirigido y escrito, pero no interpretado (de ahí el subtítulo del libro “Solo detrás de la cámara”), pues pienso que son las obras más importantes, las doce obras clave, donde él vuelca toda su sabiduría e ingenio creador. No se distrae como actor, sino que se centra en la dirección. Aunque he de reconocer que este argumento me ha fallado con la última película, Vicky Cristina Barcelona (una película frívola y sin el ingenio de las otras doce), antes de la cual el libro ya estaba cerrado. Pero —y esto es más importante en el enfoque del libro— también he intentado estudiar cuáles son las constantes de su obra a través de esas películas.

P.: ¿Y cuáles son esas constantes? ¿Sobre qué habla Woody Allen en sus películas?

J.M.C.: Yo creo que son tres: la muerte y el más allá, el amor —que en sus primeras manifestaciones era sexo casi compulsivo y mecánico— y Dios. En Woody Allen se traslucen constantemente una preocupación por si hay algo después de la muerte, la pregunta de si existe el amor perenne y duradero, la de si Dios existe y si tendría sentido un mundo sin Dios. Esta última idea la ha desarrollado mucho en la “trilogía de Londres” (Match Point, Scoop y Cassandra’s Dream). De hecho, recientemente presenté una conferencia en un congreso de teología: “Woody Allen y las preguntas sobre Dios”, lo cual sorprendió bastante.

P.: Y a todas esas preguntas que Allen se hace, ¿les ha encontrado respuestas?

J.M.C.: No, no da respuestas porque no las tiene. Un hombre que se ha casado cinco veces no creo que tenga una idea muy clara de lo que es el amor duradero, aunque con la quinta mujer dice que lo ha encontrado. Por otra parte, no entiende la justicia divina ni el misterio de Dios. Podríamos decir que Woody Allen se encuentra en la línea judaica de Job (tiene a sus espaldas ocho años de estudio en una escuela hebrea), aunque Job sí creía, mientras que él está en esa duda. Pero se nota que está buscando a Dios: es un intelectual, un hombre muy inteligente que busca la verdad. Woody Allen habla mucho también de la soledad —un problema muy tratado en el cine actual, muy claro por ejemplo en Martin Scorsese—: la gente está sola. Y, a veces, el salto hacia el sexo compulsivo, el poder desmesurado, el desorden moral o incluso el viaje como huida de uno mismo, es una búsqueda por llenar la vida. Me decía una vez un cineasta en la montaña de las famosas letras de “Hollywood”, mientras mirábamos hacia Los Ángeles: “Mira todas estas luces: está lleno de historias para películas, todo son guiones; pero la gente está sola, Caparrós, yo me encuentro solo: doce millones de habitantes, y yo me encuentro solo”. Este problema —y los de arriba— Woody Allen lo trata en sus películas. Él mismo quiere perdurar por su trabajo artístico: desde hace tiempo hace cada año una película.

P.: ¿Y qué crees que hace de Woody Allen un símbolo de nuestra época?

J.M.C.: Las películas de Woody Allen reflejan la crisis de la sociedad, es un testigo excepcional del vacío y las preguntas sin respuesta de esta época. Le quisimos dar el doctorado Honoris Causa en la Universidad de Barcelona como “testigo y retratista del mundo judío e intelectual de Manhattan”, aunque las autoridades políticas competentes revocaron nuestra decisión.

P.: Cambiando un poco de tercio, ¿por qué crees que el director neoyorquino es más apreciado en Europa que en su propio país?

J.M.C.: Los maestros de Woody Allen son todos europeos, más Akira Kurosawa. Él lo reconoce sin tapujos: le encantaría haber sido capaz de hacer las películas de Fellini, de Vittorio de Sica, Bergman, Godard... Y se nota. Pero no sólo eso. El director mete el dedo en la llaga acerca de la burguesía americana y se ríe de ellos (de sí mismo, en el fondo). Que eso lo haga Lars Von Trier, que jamás ha estado siquiera en los Estados Unidos, pues a los americanos les da igual; pero que lo haga “uno de los suyos” les duele más.

P.: Para terminar, Josep María, ¿qué películas recomendarías a alguien que quiere descubrir la obra de Woody Allen y, especialmente, estas tres constantes que antes has mencionado?

J.M.C.: Hombre, pues todas, ¿no? Pero destacaría Delitos y faltas, Hannah y sus hermanas, que están interpretadas por él, y son las llamadas “comedias teológicas”, dos obras clave, fundamentales; y luego también La rosa púrpura de El Cairo, otra obra maestra.
(Entrevista publicada en Perkeo. Revista Literaria, núm. 20, noviembre 2008, http://www.perkeo.es/).
- Otras entrevistas radiofónicas sobre el libro, en RAC1, Intereconomía, Ràdio Hospitalet y RKB (Radio Kanal Barcelona).
De Norte a Sur
Por E. RODRÍGUEZ MARCHANTE
Escribir de Woody Allen es casi tan divertido como ver sus películas o leer sus propios escritos, y tal vez por eso hay que estar muy atentos a todo lo que se publica de él, que es mucho y valioso. De lo último, hay dos libros que merecen la pena por su peculiar modo de tratarlo. Uno es directo, El universo de Woody Allen, y de mirada poliédrica: dieciséis pares de ojos lo observan, los de otros tantos críticos y analistas que diseccionan alfabéticamente, letra por letra, todo el firmamento creativo de Woody Allen, desde sus películas y actores, hasta elementos aparentemente más circunstanciales, como el clarinete, el Oscar, la neurosis, el adulterio o la política.

BARCELONA.- El otro libro es todavía más directo, Woody Allen, barcelonés accidental, y en él, el profesor José María Caparrós Lera propone un interesante y asequible estudio sobre el cine de Woody Allen sin Woody Allen (o sea, sin él como actor), además de un paseo por la relación del cineasta con Barcelona, antes, durante y después de Vicky Cristina Barcelona.

Coordinado por Hilario J. Rodríguez, El universo de Woody Allen arranca por la «A» de Acordes y desacuerdos y termina en la Z de Zelig, y entre una y otra película el recorrido es completísimo, ingenioso, revelador, ameno, y está aliñado, además, por todo ese borbotón de frases agudas que han convertido al director neoyorquino en un brillante reflejo de Groucho Marx, y que se usan en el presente libro como «separador» de capítulos o «letras»? El hecho de que sean frases conocidas no impide que nos deslumbren una vez más: «No creo en una vida más allá, pero, por si acaso, me he cambiado de ropa interior»? «El sexo sin amor es una experiencia vacía. Pero como experiencia vacía es una de las mejores»?

DICCIONARIO.- Juan Ignacio García Garzón, Víctor Arribas, Juan Carlos Laviana, Eduardo Torres-Dulce, Nuria Vidal, Carlos Reviriego, Ramón Freixas y Joan Bassa entre otros, aportan su punto de vista a este diccionario que rodea por completo la figura de Woody Allen y reúne su obra, sus actores, sus técnicos, sus obsesiones y sus manías de un modo natural y ordenado. El impacto de esta mirada es curioso, es un retrato transversal: Woody Allen atravesado por todas y cada una de sus circunstancias desde el fracaso a Hollywood, del matrimonio a August Strindberg, del destino a los criminales, cada término es un objeto de inspección por parte de los detectives del libro. Además, se pueden encontrar perlas como Lily la tigresa, una chaladura dentro de su filmografía, hecha en 1966 junto a (o a pesar de, como dice David Felipe Arranz) Senkichi Taniguchi.

En cuanto al libro de Caparrós Lera, Woody Allen, barcelonés accidental, aporta un breve pero minucioso repaso a las doce películas dirigidas por Woody Allen en las que no aparece como actor: Interiores, La rosa púrpura de El Cairo, Días de radio, Septiembre, Otra mujer, Alice, Balas sobre Broadway, Celebrity, Acordes y desacuerdos, Melinda, Melinda, Match Point y Cassandra’s Dream.

El libro incluye, además, el discurso que escribió Woody Allen en defensa del cine europeo y que leyó con motivo de la entrega del Premio Príncipe de Asturias y reproduce el coloquio que, también en Oviedo, mantuvo Woody Allen con José Luis Garci. Y por último, se incluye un apéndice con un comentario de Lluis Bonet de la película Vicky Cristina Barcelona cuando se proyectó en el Festival de Cannes y una curiosísima aportación de Caparrós Lera que le da una vuelta a la visión teológica de Woody Allen. Y este barcelonés accidental elabora al final una lista de las mejores películas de la Historia en la que no incluye ni una sola americana. Una curiosa lista para un curioso libro.
(Publicado en ABCD las Artes y las Letras, 10-I-2009).

martes, noviembre 11, 2008

PELÍCULAS RECOMENDADAS (10)


Nueva relación de filmes, que recomiendo para un público amplio. Como en las nueve anteriores listas, las películas señaladas con un asterisco (*) pueden gustar también especialmente a espectadores de Tercera edad.
Entre paréntesis, sigo indicando los títulos que gustarán primordialmente a los cinéfilos, y ahora añado también filmes más dirigidos a menores. Asimismo, incluyo en este nuevo listado 40 grandes películas del género histórico, que pueden gustar a todo tipo de público, sobre todo familiar.
Últimos estrenos:
- Amateurs*
- Appaloosa*
- Bella*
- Bolt (menores)
- El caballero oscuro (cinéfilos)
- Che: el argentino
- The Fall: el sueño de Alejandría (cinéfilos)
- Hace mucho tiempo que te quiero*
- High School Musical 3 (menores)
- El infierno vasco*
- El intercambio*
- La isla de Nim (menores)
- La leyenda de Santa Claus (menores)
- Los limoneros*
- Madagascar 2 (menores)
- El niño con el pijama a rayas*
- Los niños de Huang Shi (cinéfilos)
- La ola
- Peregrinos (cinéfilos)
- Red de mentiras
- El tren de las 3:10
- El último voto*
- Wall-E (menores)
CLÁSICOS DE CINE HISTÓRICO

Amadeus (1984), de Milos Forman. USA. Color - 158 minutos.
Reconocida sinfonía visual, que pone en brillantes imágenes una discutida pieza teatral sobre la vida del músico Salieri en torno al maestro Mozart. La Viena del siglo XVIII está perfectamente evocada.
Becket (1964), de Peter Glenville. Gran Bretaña. Color - 140 minutos.
Relata el enfrentamiento entre el arzobispo de Canterbury –después santo Tomás Becket– y el rey de Inglaterra, Enrique II Plantagenet. Basada en la obra escénica de Jean Anouilh, ofrece un recital de Peter O’Toole y Richard Burton.
Ben-Hur (1959), de William Wyler. USA. Color - 200 minutos.
Una de las películas más premiadas de la historia del cine. Basada en la novela de Lewis Wallace, se trata de un film-espectáculo con secuencias inolvidables (por ejemplo, la famosa carrera de cuádrigas).
55 días en Pekín (1963), de Nicholas Ray. USA. Color - 144 minutos.
Narra la revuelta anticolonial de los bóxers en la China de 1900. Sin duda, junto a El Cid, la mejor producción de Samuel Bronston rodada en nuestro país. Posee un cuadro interpretativo de primer orden.
Cinderella Man (2005), de Ron Howard. USA. Color - 144 minutos.
Biografía novelada del boxeador Jim Braddock, que alcanzó el título mundial durante la Depresión económica. Perfectamente ambientada en los años treinta, destaca el trabajo interpretativo de Russell Crowe.
Cromwell (1970), de Ken Hughes. Gran Bretaña. Color - 145 minutos.
Evocación histórica de la Revolución del siglo XVII inglés. Notable creación de de Richard Harris como el líder puritano y del inolvidable Alec Guinness como Carlos I. Hay una más reciente película británica sobre la misma época: Matar a un rey (2004).
Cyrano de Bergerac (1990), de Jean-Paul Rappeneau. Francia. Color - 138 minutos.
Nueva versión de este célebre personaje, basado en el drama romántico de Edmond Rostand (1897). La acción se desarrolla en la Francia del siglo XVII. Espléndida creación de Gérard Depardieu como Cyrano. El texto es en verso.
Los Diez Mandamientos (1956), de Cecil B. DeMille. USA. Color - 210 minutos.
Una de las grandes superproducciones de Hollywood. Con un reparto de excepción, el especialista DeMille –que ya llevó esta historia bíblica a la pantalla muda– logra un film tan poco riguroso como espectacular.
Doctor Zhivago (1965), de David Lean. USA. Color - 189 minutos.
Basada en la famosa novela de Boris Pasternak, relata una historia romántica en el marco de la Revolución rusa. Bien ambientada e interpretada, se popularizó mucho su leit-motiv musical.
Enrique V (1989), de Kenneth Branagh. Gran Bretaña. Color -137 minutos.
Brillante puesta en escena de la obra de Shakespeare, Henry V (título con el que este film fue presentado en España). El actor y director Kenneth Branagh ofrece un gran recital interpretativo, que no desmerece de la primera versión de Laurence Olivier (1944).
Espartaco (1960), de Stanley Kubrick. USA. Color - 190 minutos.
Ambiciosa superproducción sobre la célebre rebelión de los esclavos en el siglo I. Perfectamente ambientada e interpretada, contiene secuencias espectaculares junto a otras intimistas de carácter romántico-sentimental.
Éxodo (1960), de Otto Preminger. USA. Color - 205 minutos.
Basada en la novela de León Uris, relata el nacimiento del Estado de Israel (1953), de forma dramatizada. Película-río, con notable creación de tipos, muy bien realizada por Preminger. Inferior es la más reciente película análoga Oh Jerusalén.
Gandhi (1982), de Richard Attenborough. Gran Bretaña-India. Color - 170 minutos.
Biografía novelada del célebre líder indio, realizada con gran despliegue de medios y rigor histórico. Posee un fondo claramente pacifista y resulta un espectáculo de categoría.
El Gatopardo (1963), de Luchino Visconti. Italia. Color - 205 minutos.
La famosa novela de Giuseppe di Lampedusa puesta en escena con enorme brillantez por Visconti. Evoca la época del Rissorgimento y la unificación italiana, haciendo un paralelismo histórico con el contexto político de su país.
Gladiator (2000), de Ridley Scott. USA. Color - 152 minutos.
A caballo de los filmes La caída del Impero Romano y Espartaco, esta ambiciosa superproducción intentó recuperar el género peplum, aunque con un tono próximo al western. El espectáculo y los efectos digitales son de primer orden.
Grita libertad (1987), de Richard Attenborough. Gran Bretaña. Color - 154 minutos.
Una denuncia del apartheid sudafricano, a través de la tragedia del carismático líder de la “conciencia negra” Steve Biko, y del periodista liberal Donald Woods. Esta película, junto con Un mundo aparte (Chris Menges, 1988), acaso contribuyó al cambio político de ese país.
Un hombre para la eternidad (1966), de Fred Zinnemann. Gran Bretaña. Color - 115 minutos.
Obra maestra del cine histórico inglés, que evoca con perfección el reinado de Enrique VIII. Basado en la pieza escénica de Robert Bolt, se centra en el martirio de Sir Thomas Moro.
Hotel Rwanda (2004), de Terry George. Gran Bretaña. Color - 121 minutos. Basado en una historia verídica, relata el drama de un gerente de hotel que salvó a numerosos refugiados durante la masacre de los hutus a tutsis en Ruanda (un millón de muertos, en el genocidio de 1994). Otra buena película análoga es Disparando a perros.
Ivanhoe (1952), de Richard Thorpe. USA. Color - 102 minutos.
Rodado en exteriores británicos, traduce en imágenes la célebre novela romántica de Walter Scott. En la misma línea hollywoodiense, este realizador dio a luz Los caballeros del rey Arturo (1954). Ambas fueron protagonizadas por Robert Taylor.
Jesús de Nazaret (1978), de Franco Zeffirelli. Italia-Gran Bretaña. Color - 230 minutos.
Una de las mejores versiones sobre la vida de Jesucristo, narrada con la grandiosidad y sencillez del Evangelio. Con un reparto de famosos, combina el realismo y la emoción con el tono didáctico y espectacular. Se editó también para televisión.
J.F.K.: Caso abierto (1991), de Oliver Stone. USA.Color & Blanco y negro - 189 minutos. Impresionante puesta en imágenes del “informe Garrison” sobre el asesinato del presidente John Fitzgerald Kennedy (1963). La evocación de una época conflictiva, así como la recreación de ambientes y tipos, son notables. Después realizaría Nixon (1995).
La inglesa y el Duque (2001), de Eric Rohmer. Francia. Color - 128 minutos. Polémica mirada sobre la Revolución francesa, desde la perspectiva de una bella dama inglesa que sufrió la época del Terror. Los efectos digitales del maestro Rohmer también son de primer orden.
Lawrence de Arabia (1962), de David Lean. Gran Bretaña-USA. Color - 222 minutos.
Espectacular superproducción del especialista David Lean, con un reparto y escenarios naturales espléndidos. Narra la historia de este célebre oficial británico (encarnado por Peter O’Toole) que se convirtió en líder del pueblo árabe.
El león en invierno (1968), de Anthony Harvey. Gran Bretaña. Color - 128 minutos.
Film un tanto desmitificador del Medievo, basado en una obra escénica. Ahora es O’Toole (Enrique II Plantagenet, quien había mandado matar a Thomas Becket) el que se enfrenta con Katharine Hepburn (Leonor de Aquitania).
El loco del pelo rojo (1956), de Vincent Minnelli. USA. Color - 122 minutos. Magistral película de Minnelli sobre la vida y obra de Van Gogh. Basado en una novela de Irving Stone, reproduce la estética del famoso pintor (muy bien recreado por Kirk Douglas).
Una mente maravillosa (2001), de Ron Howard. USA. Color - 123 minutos. Biografía novelada de John Forbes Nash, Premio Nobel en Ciencias Económicas (1994), que evoca una época de la Guerra Fría en Estados Unidos. Excelente interpretación de Russell Crowe.
Michael Collins (1996), de Neil Jordan. Irlanda. Color - 130 minutos. Otra biografía novelada, ahora de uno de los grandes dirigentes del IRA. Notable reconstitución histórica, con una buena creación de Liam Nelson como Collins. Fue muy polemizada en Inglaterra.
1492: La conquista del paraíso (1992), de Ridley Scott. Gran Bretaña-Francia-España. Color - 162 minutos. Evocación histórica del descubrimiento y conquista española de América, con motivo del 5º Centenario. Ridley Scott –como después haría con El reino de los cielos (2005) sobre las Cruzadas– ofrece una visión crítica desde la perspectiva actual.
La Pasión de Cristo (2003), de Mel Gibson. USA. Color - 127 minutos.
Una de las mejores versiones sobre las últimas horas de Jesucristo, que sería polemizada por sus crudas imágenes. Es una pieza artística de gran categoría. Jim Caviezel encarna la figura de Cristo inspirado en las pinturas de Caravaggio.
El patriota (2000), de Roland Emmerich. USA. Color - 164 minutos. Brillante film-espectáculo, que evoca un episodio de la independencia de Estados Unidos. Realizado por el autor de Independence Day, con el tono propagandístico que le caracteriza, está muy bien interpretado por Mel Gibson.

El pianista (2001), de Roman Polanski. Francia-Gran Bretaña-Alemania-Holanda-Polonia. Color - 143 minutos.
Obra maestra sobre el Holocausto –mucho más comedida que La lista de Schindler–, que le valió a Polanski el Oscar como mejor director. Narra la odisea del pianista Szpilman en el ghetto de Varsovia.
Quo Vadis? (1952), de Mervyn LeRoy. USA. Color - 164 minutos.
Una de las más célebres películas “de romanos”, basada en la novela de Sienkiewicz. Aunque posee poco rigor histórico, está rodada en escenarios naturales romanos y con decorados reconstruidos. Destaca la creación de Peter Ustinov como Nerón.
Ran (1985), de Akira Kurosawa. Japón. Color - 150 minutos. En la línea de la también magistral Kagemusha (1980), el gran Kurosawa evoca el feudalismo nipón del siglo XVI. Basado en el Rey Lear shakesperiano, está realizada dentro de la tradición estética japonesa.
Tierra de faraones (1955), de Howard Hawks. USA. Color - 102 minutos. Acaso la mejor película sobre el Antiguo Egipto. El guión es de William Faulkner. Narra la construcción de la pirámide de Keops. Pese a que es una visión hollywoodiense, puede servir también para “ilustrar” pedagógicamente ese período.
El tormento y el éxtasis (1965), de Carol Reed. Gran Bretaña. Color - 135 minutos. Adaptación de otra novela de Irving Stone. Trata del conflicto entre Miguel Ángel y Julio II con motivo de los frescos de la Capilla Sextina. Charlton Heston encarna al gran artista del Renacimiento y Rex Harrison al Papa. Notable reconstitución de esa época.
Tucker, un hombre y su sueño (1988), de Francis Coppola. USA. Color - 106 minutos. Biografía novelada de Preston Tucker, uno de los innovadores de la industria del automóvil. Perfecta evocación de la Norteamérica de posguerra. Jeff Bridges es el “héroe” protagonista, tan soñador e incomprendido en su tiempo como el propio Coppola.
La túnica sagrada (1953), de Henry Koster. USA. Color - 135 minutos.
Primera película en Cinemascope, que pone en escena la época de Cristo. Tuvo una continuación: Demetrius y los gladiadores (1954), de Delmer Daves, también con Victor Mature como protagonista.
Ulises (1954), de Mario Camerini. Italia-USA. Color -103 minutos.
Se trata de una lograda adaptación del mito de Homero, que relata con buen pulso cinematográfico las aventuras de Ulises (interpretado por Kirk Douglas). Silvana Mangano encarna a Penélope.
¡Viva Zapata! (1952), de Elia Kazan. USA. Blanco y negro - 113 minutos. Biografía novelada de este líder de la Revolución mexicana de 1910, que también le sirve a Kazan para sacarse la espina del maccarthismo. Gran creación de Marlon Brando.
¡Vivir! (1994), de Zhang Yimou. China. Color - 135 minutos. Auténtica obra de arte del más prestigioso cineasta chino actual. A través de la tragedia de una familia, evoca con enorme precisión y sobriedad la historia de su país durante los años 40-60.